Cuando í“scar Arias fracasó en su intento mediador en Honduras, alertó a los usurpadores y a la comunidad internacional del peligro de la guerra civil. La verdad es que ésta ya comenzó, el propio 28 de junio, día de la traición. Fue el golpe militar, a semejanza de la traición a írbenz en 1954, el punto de partida. Lo que aún no ha tomado cuerpo es la lucha armada del pueblo, aunque se producirá, sin duda alguna, en aplicación del principio contenido en el Preámbulo la Declaración Universal de los Derechos Humanos de que el pueblo tiene derecho «al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión».
Todavía hay tiempo de actuar y prevenir esa situación. í‰ste es el momento de la solución política, para evitar que la progresiva acumulación de violencia del Estado lleve al estallido de la violencia del pueblo. Ahora es cuando los gobiernos de Centroamérica debieran convocar a Esquipulas III, con la participación del presidente Zelaya, y no esperar a convocarla cuando el país esté en ruinas y en la bancarrota. Hay acontecimientos que se irán dando, que sumirán más al hermano país en la miseria y el subdesarrollo, todos responsabilidad de la arrogancia de la oligarquía hondureña.
Estados Unidos, como todo poder imperial, no olvida las afrentas. Las burlas al presidente Obama, por racismo, y el ninguneo de Hillary Clinton, por machismo, van a tener su costo en acceso a Estados Unidos y en recursos económicos. Las elecciones que los golpistas piensan que superarán la crisis, no serán legítimas ni aceptables. La oposición real no participará y la población no votará, por no tener sentido alguno, aparte de que la OEA y la ONU no las supervisarán. Así, el «nuevo gobierno» no será aceptado, se intensificará el aislamiento y no habrá reactivación económica ni ayuda. Ello se combinará con la movilización popular y la rebelión. El «monolítico ejército» que hoy da declaraciones mediante sus generales, patéticos y sumidos en la «guerra fría», pronto estará fraccionado en dos grupos: golpistas y constitucionalistas.
La comunidad internacional debe entonces intensificar su acción. El retiro de visas no debe limitarse a cuatro golpistas. La lista pasa de 50 y con sus familias son varios cientos. Todas las llaves económicas y financieras deben apretarse, porque son los grandes ricos de Honduras los más intransigentes. Las oligarquías de Guatemala y El Salvador firmaron acuerdos; no existe razón para que la hondureña no lo haga. Desde luego, hay sacrificios por hacer. La comunidad internacional no entiende que Guatemala, El Salvador y Nicaragua no cierren sus fronteras mancomunadamente; es el mínimo gesto que SICA debe apoyar, particularmente al rechazarse la propuesta de Arias. Igualmente, se esperan acciones más drásticas de la OEA y la ONU.
Finalmente, estamos las sociedades civiles. También debemos hacer sacrificios de todo tipo, comenzando con apoyo económico para el pueblo que resiste en Honduras. í‰ste no tiene dinero acumulado en los bancos de Miami o jugosos negocios en Estados Unidos que le permitan sostener la lucha; depende de la solidaridad internacional. Se ha convocado a eventos al unísono el 11 de agosto. No debemos faltar a ellos, ya que, sin duda, serán el punto de partida para una nueva y más intensa fase de lucha.