Otro desaforado mató gente


El asesino, en esta imagen obtenida de un sitio web que  muestra a Jorge Sodini quien mandó varios mensajes online antes del hecho.

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<p>El hombre que mató a tres mujeres ayer en un gimnasio de Pensilvania antes de suicidarse, en un hecho que se ha vuelto habitual en Estados Unidos, habí­a explicado sus frustraciones en internet.</p>
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En este último incidente –que los norteamericanos llaman «shooting» y que ocurre al menos una vez al mes en Estados Unidos– George Sodini, de 48 años irrumpió armado anoche en un gimnasio de un suburbio de Pittsburgh.

Según testigos y la Policí­a, el hombre abrió fuego efectuando 52 disparos, mató a tres mujeres que asistí­an a una clase de danza aeróbica, hirió a otras nueve personas y se quitó la vida.

Los «shootings» son a menudo perpetrados por personas de sexo masculino, con algún tipo de frustración social, sexual o laboral y que acceden a armas de fuego, en un paí­s donde ese derecho está contemplado en la Constitución.

Cuando se produce un «shooting», los canales de televisión norteamericanos frecuentemente pasan a transmitir en directo desde el lugar de los hechos y el incidente cobra instantáneamente una importancia de carácter nacional.

Este año, la lista de incidentes incluye entre otros un centro para inmigrantes en el norte del estado de Nueva York, un museo de Washington, un teatro en Georgia y acciones similares en Tennessee y Alabama.

El autor de un «shooting» emula a menudo a sus predecesores y se quita la vida, pero logra su cuarto de hora de notoriedad en los medios. En previsión de lo cual, Sodini explicó en detalle sus motivaciones en su diario online.

«A alguna gente le gusta estudiar estas cosas», escribió presuntamente Sodini en el blog, aún no autentificado por la Policí­a y que fue clausurado el miércoles. «Tal vez todo esto aporte una respuesta, explicando por qué hay gente que no logra hacer que ocurran cosas en su vida».

Los escritos del futuro asesino son un recuento de frustraciones de un empleado soltero inmerso en la banalidad de la vida suburbana. Está obsesionado con las mujeres y éstas al parecer no le dan corte. «No tuve novia desde 1984», escribe. «No tuve sexo desde 1990, cuando tení­a 29 años».

Al dí­a siguiente de las elecciones de 2008, lamenta que Estados Unidos haya electo «al hombre negro» y de paso deplora que los afroamericanos tengan, según él, éxito sexual con las jóvenes blancas.

En otro momento arremete contra «la gente religiosa», «especialmente los de derecha». «La religión implica culpa, vergí¼enza, miedo y el patrón moral que siempre contradice las tendencias naturales y deseos de una persona».

El 6 de enero pasado tomó la decisión de pasar a la acción, pero finalmente desistió. «Â¡No me animé!», escribe a su regreso del gimnasio. «Â¡Habí­a llevado todas las armas cargadas! ¡Diablos!».

Más tarde, en mayo, escribe que tuvo una cita con una mujer, al parecer insatisfactoria. «Las mujeres no me quieren. Hay 30 millones de mujeres atractivas en Estados Unidos, una estimación mí­a, y no puedo tener una sola».

El lunes 3 de agosto, ví­spera del crimen, se toma un dí­a libre para practicar «su rutina». «Pronto voy a ver a Dios y a Jesus», dice, «mañana es el gran dí­a». «Â¡Viva la Muerte!».