Rebiya Kadeer, de 62 años, una abuela que años atrás fue una de las empresarias más exitosas de China, provocó la ira del régimen en Pekín con sus llamamientos al fin de la represión de los uigures, una etnia turca de credo musulmán del noroeste del país.
Kadeer provocó incluso mayor enfado en las autoridades chinas tras denunciar el miércoles desde Tokio que «unas 10.000 personas desaparecieron en una noche» en los enfrentamientos étnicos de principios de julio en Urumqi, la capital de la región china del Xinjiang (noreste).
China sostiene que en esos disturbios murieron 197 personas, la mayoría de ellas de la etnia mayoritaria han (china), a manos de bandas de uigures, y acusa a Kadeer de ser una de las instigadoras de esos hechos.
Madre y abuela que pasó seis años en las cárceles chinas, Kadeer fue expulsada en marzo de 2005 a Estados Unidos, donde se reunió con su familia.
La otrora millonaria empresaria, que se proclama «hija del pueblo uigur», alguna vez fue presentada por el gobierno como modelo de mujer en el gigante asiático. Antes de su detención, dirigía un plan para ayudar a madres de familia uigures a encaminar proyectos empresariales.
Pero todo eso cambió en 1996, luego de que su marido, Sidik Rouzi, ex preso político uigur, consiguiera escapar de China e ir a Estados Unidos.
Kadeer fue detenida en agosto de 1999, cuando iba a reunirse con una delegación estadounidense para denunciar la situación de los presos políticos en Xinjiang. Pekín la acusó de poner en peligro la seguridad nacional y la encarceló.
«Ahora soy libre y espero que algún día mi pueblo también lo sea», afirmó Rebiya Kadeer.
Pekín la acusa de ser terrorista y separatista, y le niega cualquier representatividad de los uigires.
Kadeer dice que esas acusaciones son «totalmente falsas».
«No he organizado protestas ni llamado a la gente a manifestarse», afirmó.
Los uigures afirman que los disturbios empezaron cuando la policía atacó una marcha pacífica.
Xinjiang, una región fronteriza con Afganistán, Pakistán y ex repúblicas soviéticas de Asia Central, tiene cuatro veces el tamaño de California. Muchos uigures denuncian la represión política, cultural y religiosa, y se sienten marginados en su propia tierra por el aflujo masivo de trabajadores hanes en las últimas décadas.
Kadeer, oradora de carácter y sonrisa contagiosa, dijo que unos 100.000 uigures están en las cárceles por sus creencias políticas y religiosas.
Desde que recuperó la libertad, ha enfrentado todo tipo de problemas, como la disolución de su negocio en Urumqi y la detención de los cuatro hijos que permanecían en China.
En 2006, fue candidata al premio Nobel de la Paz.