El presidente kirguís, Kurmanbek Bakiev, fue reelegido de manera aplastante en los comicios de ayer, según resultados oficiales divulgados hoy pero cuestionados por la oposición y por la OSCE, que consideró que la votación no respetó los criterios democráticos.
Bakiev, cuya victoria era esperada en esta estratégica ex república soviética que alberga tanto una base norteamericana como una base rusa, ganó con el 86,3% de los votos, luego de escrutado el 64% de las papeletas, informó la Comisión Electoral.
Pero la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que había desplegado a 280 observadores, criticó severamente el desarrollo de la consulta, por considerar que no respetaba las «normas clave» de la organización y los criterios democráticos.
«El día de la elección fue manchado por numerosos problemas e irregularidades, entre los cuales el relleno de urnas, imprecisiones en los padrones y votos múltiples», criticó la OSCE el viernes.
«El proceso se deterioró aún más durante el recuento de votos y la clasificación de los resultados, y los observadores juzgan negativamente esta parte del proceso en más de la mitad de los casos observados», señaló también la organización.
Las campañas de los candidatos de la oposición fueron víctimas de «obstrucción» y sus partidarios recibieron «presiones e intimidaciones», señala el informe.
La oposición kirguisa denunció irregularidades en la votación, que despertó muchas críticas y acusaciones de fraude. El candidato Almazbek Atambaiev, presentado como el principal rival de Bakiev, tachó la elección de «ilegítima» y prometió organizar manifestaciones.
«Un 90% es algo fantástico. Es una clara señal de que se trata de un fraude a escala nacional», dijo a la AFP el diputado de la oposición Bakit Beshimov.
El Gobierno rechazó las acusaciones y afirmó que los resultados serían confirmados.
«Estas elecciones presidenciales normales se llevaron a cabo de manera ordenada. Ocurrieron en un amistoso ambiente de calma por parte de cada candidato», aseguró a la prensa el portavoz de la comisión electoral, Damir Lisovsky.
«Volver a organizar las elecciones, como lo pide la oposición, no es posible», agregó.
Unos 2.000 partidarios de la oposición se congregaron el jueves por la noche delante de la sede de campaña de Atambaiev, en las afueras de la capital kirguisa, para asistir a un concierto que debía luego transformarse en marcha de protesta.
Los manifestantes agitaron banderas y gritaron «Abajo Bakiev», pero luego se dispersaron y la protesta prevista no ocurrió. La ciudad permanecía en calma cuando se anunciaron los primeros resultados.
Más temprano, el Gobierno había movilizado a 5.000 soldados en Biskek para las elecciones y Bakiev había advertido a la oposición que la organización de manifestaciones «ilegales» no sería tolerada y cualquier protesta sería reprimida.
Kirguistán tiene una larga historia de violencias políticas, y muchos votantes temieron esta semana que unas elecciones impugnadas provocaran el regreso de la inestabilidad.
Bakiev, que accedió al poder en 2005 tras manifestaciones populares contra unas elecciones fraudulentas, es acusado de haber favorecido una corrupción endémica. En la campaña, su figura fue omnipresente.
Los líderes de la oposición lo acusan de usar la violencia y la intimidación contra sus rivales políticos y los pocos medios independientes del país.
Pero Bakiev sabe jugar con los equilibrios estratégicos ante la comunidad internacional.
A finales de junio, decidió mantener en su territorio una base militar estadounidense vital para las operaciones de la coalición internacional en Afganistán, después de haber amenazado con cerrarla.