«…En este siglo, Estados Unidos domina el mundo como ningún otro imperio lo ha hecho jamás. Su supremacía es aplastante en las cinco esferas tradicionales del poder: política, económica, militar, tecnológica y cultural?.es el primer estado protomundial y tiene la capacidad de liderar una versión moderna del imperio universal, un imperio espontáneo cuyos miembros se someten voluntariamente a su autoridad?»
(Ramonet, Ignacio, 2002, Guerras del Siglo XXI, Mondadori, Barcelona.)
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Es un texto alucinante, que se lee de un tirón; una de las más bellas y profundas reflexiones que ha hecho este prominente intelectual, en su brillante carrera como ensayista y promotor de una nueva conciencia mundial. Leí esta obra, cuando evocamos el primer aniversario de los atentados del 11S en Nueva York y el planeta entero se encontraba aún en estado de conmoción, por las consecuencias de ese evento que inauguraba el terrorismo mediático, junto al nuevo siglo.
Ramonet, entre otros muchos, puso el dedo en la llaga sobre la dinámica de la globalización que se nos impone: por primera vez en la historia de la humanidad, el mundo se encuentra dominado por una única hiperpotencia; pero que ya no actúa como una fuerza militar que invade territorios, para conquistarlos. En la coyuntura actual, opina Ramonet, las guerras resultan políticamente incontrolables, militarmente peligrosas, económicamente ruinosas y mediáticamente funestas. Por eso, la supremacía se combina con otras dimensiones, menos militaristas, menos confrontativas.
En ese gran teatro (el juego político de las apariencias) lo representan con gran habilidad los medios masivos, en particular la televisión; ahí detrás hay un poder que maneja los hilos de las tramas de las guerras: las grandes fábricas de armamentos. Y los cinco grandes países, que son custodios de la paz en el mundo, son, muy curiosamente, los principales fabricantes de armas: Alemania, EE.UU., Francia, Reino Unido y Rusia. Y estos son los que tienen derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Y no sólo producen eso, sino otro material militar utilizado en los conflictos y en violaciones de derechos humanos en el mundo entero, según un reporte de la Agencia Latinoamericana de Información -ALAI-.
Hoy, el mundo se arma, llenando los bolsillos de las 100 principales empresas fabricantes de armas. Y estas ganan anualmente, el total de lo que producen en bienes y servicios en un año… los 61 países más pobres del mundo. Y mientras miles de personas continúan muriendo en un frente de batalla o en una fábrica clandestina de armas, del tercer mundo. La denominada «guerra contra el terrorismo», operaciones en Irak y Afganistán ha sido, según reporta ALAI, la responsable del aumento en el gasto militar en Estados Unidos.
La cifra que se gastó en armas en el mundo (2007) alcanzó los 490.000 millones de dólares. Las compañías estadounidenses y de Europa occidental dominaron el mercado, con el 92% de las ventas. El listado lo encabezan cuarenta fabricantes estadounidenses, quienes efectuaron el 63% de las ventas durante el 2005. Le siguen 32 empresas europeas con el 29%. El 6% sociedades japonesas, israelíes e indias, indica el ALAI, tomando como base un informe del Instituto de Investigación por la Paz en Estocolmo.
América Latina aumentó en un 7.2% sus gastos militares, Chile, Brasil y Colombia a la cabeza. Esas tres naciones gastaron el 75% del total. Estas cifras reflejan recalcar que el ideal de un mundo sin armas y sin guerras parece cada día más difícil de alcanzar, pese a todos los esfuerzos.
La cultura de paz debe promover estilos de vida, patrones de creencias, valores y comportamientos que favorezcan la construcción de la paz y acompañe los cambios institucionales buscando el bienestar, la igualdad, la administración equitativa de los recursos, la seguridad para los individuos, sin necesidad de recurrir a la violencia, termina señalando ALAI.
¿Se nos impondrá de nuevo una guerra en Centroamérica? ¿Volveremos a poner los muertos, como siempre?