A medio año


Al ritmo acelerado de los tiempos que vivimos, en condición de sobrevivencia muchos, inició el medio año. Un recuento puede ser indicador de la consiguiente autoevaluación. Merece rediseñar planes y metas, no hay duda. Desde quienes están en las alturas, como quienes se ubican en planos medios y también los que ocupan sitio desde abajo.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

El presente año tuvo arranque con el pie izquierdo, asumimos ser una caracterí­stica en ascenso sin terminar. Varias causas de naturaleza colosal tambalean a la población. Imposible seamos la excepción de la regla, aunque veamos cariacontecidos cómo marchamos con seguridad hacia otros derroteros jamás posicionados en lista de espera.

En apenas seis meses sucedieron hechos fuera de serie, que generan asombro. Vienen en tropel y de costumbre, nos toman desprevenidos. Más aun, sin posibilidades de superarlos. Recordemos cuántas limitaciones complican y agigantan las cosas de inmediato. Empero, ganan terreno acciones al instante, consideradas del todo inhumanas.

Estos ramalazos de mala procedencia apoderados están de las nuevas generaciones, el futuro del paí­s, como algo inaudito. En dicha ubicación inesperada afectan sobremanera el porvenir. Caemos, sin duda, en el caso de enorme preocupación al preguntarnos por consiguiente qué se dejará a los hijos y nietos; la respuesta es obvia.

Arribamos a medio año en medio de los jinetes apocalí­pticos de la violencia, delincuencia e inseguridad, entre otros. Más de lo mismo a saber cuánto tiempo, conforma grandes expectativas en el colectivo e imaginario, que siente haberse perdido la brújula gubernamental, adondequiera dirijamos la mirada, exhibe un total embrollo.

A nivel estructural e institucional, enmarcado en los tres poderes del Estado, el arribo a medio año denotó una sucesión de asignaturas pendientes de recuperación. Existen brechas profundas que obligan a rediseñar las acciones, en procura de medida de buen gobierno, además con miras a garantizar el ansiado bien común, más lejos.

Coincidente con la llegada de medio año, fue notorio con sobrada tensión que diversos fenómenos naturales tuvieron presencia. Equivalencia esto a la perspectiva popular que ni siquiera están subsanados los efectos de los mismos de tiempo pasado, cuando otra tanda similar, o bien superior, provocan la temida destrucción y desolación.

Así­ las cosas en el curso de medio año, Guatemala ya está registrando una enorme cantidad de casos a la pandemia de gripe AH1N1. Causante de fallecimientos en diversas latitudes del planeta Tierra. Peste que nos tiene con el alma en un hilo. Pese a ciertas prevenciones gubernamentales, es imposible ver las cosas con calma.

Al empezar el medio año, vuelve a las andadas la infaltable postura negativa y dañina de parte de gente provocadora de falsas alarmas, con el mirage de elevar el costo de vida. La engañosa escasez de granos básicos, pone el dedo en la llaga. Una vez más escapa al control de las autoridades poner en práctica mecanismos oportunos.

Y para variar, la insaciable soga de los combustibles de inmensa demanda y consumo diario eleva de golpe y porrazo las tarifas en las gasolineras. La historia se repite una y otra vez, por cuanto poco duraron las anheladas rebajas. Las cuales amortiguaron bastante desde finales del 2,008 los presupuestos familiares.

Por supuesto la época ya de medio año, motivó en parte un detalle por demás digno de tranquilidad junto a ilusiones a granel. Vino a ser el consiguiente paso a julio, fecha beneficiosa dado que por mandato de ley, debe otorgarse el Bono 14 a empleados públicos y privados y restantes sujetos de tal prestación.