Vuelve la magia Con Harry Potter


Lejos van quedando los niños que estrenaron esta serie cinematográfica en el 2001. Cada vez más alborotados por los impulsos propios de la adolescencia, los ya no tan pequeños magos se enfrentan a un mundo cada vez más peligroso y traicionero, con un panorama oscurecido por las fuerzas malignas que buscan romper el precario equilibrio, en esta versión del penúltimo libro. Harry Potter and the Half-Blood Prince tiene previsto su estreno hoy en Guatemala.


Harry Potter (Daniel Radcliffe) es sacado de su distracción en el metro de Londres y a punto de un encuentro potencialmente romántico con una bella morena por la súbita aparición del profesor Albus Dumbledore (Michael Gambon), quien lo lleva en un vertiginoso viaje («la mayorí­a vomita la primera vez», dice) a hacer una visita particular. Se trata del profesor Horace Slughorn (Jim Broadbent), a quien Dumbledore le pide que vuelva a su cátedra en Hogwarts.

Para esto, las fuerzas malignas no cejan en sus esfuerzos por invadir el castillo de Hogwarts y, así­ como Harry sabe que es «el escogido», su rival en la escuela, Draco Malfoy (Tom Felton) lo desafí­a abiertamente, aunque sufre por haber sido escogido por el «lado oscuro». Slughorn finalmente acepta volver a Hogwarts y Dumbledore le pide a Harry que se gane la confianza del profesor, no sin antes mostrarle algunos recuerdos de éste que revelan los orí­genes del malvado Voldemort, lí­der de las fuerzas del mal y asesino de los padres de Potter. Harry encuentra además un misterioso libro propiedad del «prí­ncipe mestizo» -ni te imaginas quién es- que tiene correcciones efectivas a todas las pociones mágicas recetadas en clase por el profesor Slughorn.

Muchas cosas ocurren durante esta pelí­cula, desde el hechizo con unos bombones que convierte a Ron en un bobalicón enamorado de una chica que no es ni Hermione ni Lavender sino otra que le envió los chocolates a Harry, hasta el viaje de éste y Dumbledore a un lejano lugar cerca del mar donde el peligro es mortal. Y hablando de muerte, sólo los que leyeron el libro saben quién muere en esta oportunidad. Y es lo suficientemente grave como para que los niños inquietos en la sala por fin guarden silencio.

Entre ese tipo de escenas sombrí­as y secuencias que realmente dan miedo, alternadas con besos de adolescentes en la oscuridad y la definición de uno que otro personaje siniestro, da la impresión de que la franquicia de Harry Potter lucha por ocultar su tendencia a dejar de ser una serie de pelí­culas para niños y se esfuerza por ser tomada en serio por un público mayor. No es aburrida en absoluto, quizá un poco larga, pero como parte de una serie, no hemos llegado al final y, por lo tanto, nos deja con las ganas de esperar por lo menos las otras dos pelí­culas, anunciadas para los próximos dos años.