Muchas personas están comentando desfavorablemente la forma anómala en que están funcionando actualmente las unidades del Transmetro que circulan en varias vías capitalinas, por lo menos en algunas de ellas.
Fue del actual alcalde municipal de Guatemala, don ílvaro Arzú Irigoyen, la iniciativa de innovar el servicio del transporte urbano con el Transmetro. Eso, que es positivo y de beneficio para el millonario público usuario, es de reconocerlo con amplitud a don ílvaro.
Funcionarios edilicios de otros países han venido ex profeso al país para ver en el terreno de las realidades cómo funciona y, enterados de que ese medio de transporte, que por cierto ha parecido novedoso, ha dado buenos resultados, han retornado bien impresionados y a lo mejor, también, dispuestos a imitar la obra de don ílvaro.
Reparando en lo que ocurre con los autobuses urbanos que tradicionalmente han estado prestando servicio al público en nuestro valle de lágrimas, es lógico que consideremos que se marca una diferencia como de la Tierra a la Luna. Si no es así, que lo digan quienes se movilizan en la metrópoli cotidianamente para realizar sus labores habituales.
Pero… ¡he aquí el primer -«pero-gran pero»- respecto del Transmetro, al menos en cuanto a las unidades que cubren determinados trechos de la red vial de nuestra flamante urbe!
Personas que frecuentemente utilizan el transporte urbano de referencia a la entrada de la principal metrópoli con procedencia del suroeste de la república; más concretamente viniendo de Amatitlán, están comentando con enfado ese servicio porque, según afirman, está dejando mucho qué desear.
Poco falta, añaden, para que degenere ese transporte como acontece con el «tristemente histórico» caso de los anticuados y desvencijados buses cuyos pilotos -dicho sea de refilón- están siendo brutalmente ultimados a balazos por causas que por lo general no son esclarecidas y ni siquiera son capturados y puestos a buen recaudo los autores de las «salvajadas»?
Airadamente (con justa razón), dicen las personas que usan el Transmetro en varios puntos de la capital, que han comenzado el desorden y las molestias insoportables en unidades del Transmetro que recogen pasajeros hasta provocar, casi, casi, la asfixia de los usuarios.
Al principio de la actividad del verde, verde Transmetro, todo era orden, seguridad personal y patrimonial. Los pasajeros iban sentados cómodamente, más ahora ya terminó esa complaciente situación que se comentaba por todos lados con alegría y satisfacción.
Numerosos pasajeros tienen que resignarse a ir no sólo parados, asidos de los manerales, sino a la vez, de ribete, apretujados como a «parir o a reventar»?
Esos problemas que se están dando debe tratarlos con buen ánimo, con toda decisión y lo antes posible el padre de la criatura, o sea el alcalde don ílvaro Arzú, de quien tenemos el concepto de que es un hombre de acción, amable, admirablemente emprendedor, realista y desarrollista, tanto es así que pensamos, como dijimos alguna vez, que si aspirare a una segunda reelección, incluso a una tercera, seguiría entronizado en el «Palacio de la Loba» por decisión soberana de abrumadora mayoría del electorado que desea la superación integral que exigen estos tiempos iniciales del siglo XXI, en lo atinente a nuestra urbe capitalina y a los demás lugares del municipio.
Finalizamos diciendo que el Transmetro debe volver a prestar un eficiente servicio al público -o sea a la gente de modestos recursos económicos- como cuando comenzó mereciendo plena aceptación de la masa de usuarios que tienen que movilizarse con dirección a los centros de trabajo o por cualesquiera otras razones en este valle en el que, desdichadamente, estamos andando por aquí y por allá como a salto de mata viendo inquieta e intranquilamente hacia todos lados ¡por si las moscas!, pues la inseguridad viene siendo algo así como la sombra al cuerpo?