Chávez, Freud y nuestros deseos golpista


            No ha descubierto el agua azucarada el Presidente Chávez cuando afirma que en Guatemala se planea un golpe de Estado.  Creo que en estos paí­ses la excepción más bien es vivir en democracia.  Lo natural son los golpes.  Eso lo sabemos más o menos todos los que de alguna manera estábamos acostumbrados a la injerencia del Ejército en la vida ordinaria de estas naciones.

Eduardo Blandón

            Digamos las cosas mejor: no es que quizá ahora mismo se esté fraguando un golpe de Estado en Guatemala, quizá no, seguramente no, pero la propensión y los deseos golpistas están a flor de piel de muchos ciudadanos.  Si fuera por muchos aquí­ estarí­amos estrenando gobernante cada seis meses.  La tolerancia y las virtudes democráticas no son nuestro fuerte, por eso es que no es accidentado decir que «se planea un golpe».  Aquí­ casi todos los dí­as se confabula, somos «animalis confabulatoris».

            Nosotros confabulamos contra todo y todos: contra los amigos, las novias, esposas, jefes, principios, religión, polí­tica, etc.  Lo nuestro es la transgresión, el irrespeto, los golpes bajos y el boicot.  Somos una especie de Brutos andantes.  Cuando se nos permite enterramos el puñal por la espalda y fingimos como si no hubiéramos sido nosotros.  Disimulamos y nos hacemos los locos.  Pero muy puntualmente confabulamos y cumplimos eso que parece ser nuestro destino.

            Lo que molesta y escandaliza a algunos es que haya sido ese militar de rostro desagradable -el Presidente Chávez- quien haya advertido esas cosas a ílvaro Colom.  ¿Y quién lo iba advertir sino él?  ¿Acaso cree que í“scar Arias habrí­a hecho semejante llamada de atención?  No, por supuesto que no.  Arias es demasiado formal, diplomático, tieso y polí­ticamente correcto para arrugarse y ponerse a la luz de los reflectores innecesariamente.  Esas perogrulladas sólo las podí­a decir un Chávez o un Ortega, muy pocos más.

            No nos ahoguemos en un vaso de agua.  Usted y yo sabemos que aquí­ nos sobran ganas para defenestras presidentes.  ¿Dí­game si no querí­amos sacar a sombrerazos a Portillo?  Confiésese en su interior y verá que también Usted detestaba al Conejo Berger y, por lo tanto, alguna vez acarició la idea de verlo salir rumbo a Panamá.  ¿Dí­game si no sueña con ver a Colom en piyamas en algún paí­s de América del Sur?  Contrario a lo que sugerí­a Freud, nuestros sueños no tienen un contenido sexual, sino golpista.

            Por tanto, no nos rasguemos las vestiduras y finjamos ofensa por las declaraciones del infame de Chávez.  Mejor pongamos nuestra barbas en remojo y si notamos un ligero impulso de violencia, ánimos por la alteración del orden y deseos irrefrenables y precipitados de cambio, todo con un cierto halo de cuartel, botas y uniforme verde olivo, entonces preocupémonos.  Digamos que estamos cumpliendo inconscientemente la profecí­a del abominable venezolano y, aunque no lo queramos, le estamos rindiendo tributo y casi, casi, veneración religiosa a quien supuestamente detestamos.