Por la pluma se conoce al pájaro


Los lamentables hechos que recientemente se han producido en la República de Honduras evidencian, al leer las columnas de opinión y muchos de los editoriales de la prensa escrita, cómo nuestro paí­s continúa polarizado.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

Un significativo número de articulistas busca la forma de justificar y de defender el rompimiento de la democracia y del estado de Derecho en Honduras. Igualmente, medios de comunicación internacional evidencien, en la forma de entrevistar, de reportear la noticia, que sus valores y su objetividad se ve trastocada al tratar de inclinar la balanza para explicar y hasta justificar el rompimiento del orden democrático.

 

No puede negarse que ha habido actitudes improcedentes de parte del presidente Hugo Chávez, que deberí­a comprender que la época de las intervenciones militares o de hecho es algo del pasado y que sus expresiones son aprovechadas y utilizadas por quienes se oponen al desarrollo social, su actuación es tan censurable como lo es tratar de degradar la actitud de la Asamblea General de Naciones Unidas o de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos y de sus representantes.

 

El argumentar que OEA no ha sido todo lo eficiente que deberí­a siempre ser, no es un argumento válido porque si bien hace 40 años OEA estaba menos desarrollada, más influenciada y subordinada a los Estados Unidos, poco a poco, de forma continuada, ha ido logrando -con hechos- ser un organismo internacional que ayuda y defiende la democracia. Prueba de ello es su actuar en las elecciones en la mayorí­a de paí­ses en América Latina, sus llamadas de atención al gobierno de Fujimori, en Perú.

 

Decir que el actual secretario general de la OEA, José Miguel Insulza es una persona que no merece respeto, es una muestra de ignorancia, de falta de calidad individual de quien lo censura que con tal de quedar bien con sus patrocinadores no le importa mentir, ni agredir a quien está cumpliendo con defender la democracia.

 

La violación a la democracia de Honduras no debe defenderse o degradarse porque el presidente José Manuel Zelaya Rosales sea o no de nuestro agrado. Los ciudadanos, los profesionales, los juristas, los académicos que desean un mejor presente y un mejor futuro para sus hijos, nietos y demás descendientes, no pueden mirar hacia el pasado y añorar gobiernos de factos o gobiernos aparentemente legalmente electos que serví­an a las cúpulas sin comprender que esa equivocada decisión fomentaba la pobreza, la desnutrición, la inseguridad polí­tica, social y económica.

 

Chile es un paí­s que ha progresado comparativamente más que el resto de América Latina pero al hacerlo ha creado la mayor clase media de toda América; independientemente de que sus presidentes hayan sido democratacristianos, socialistas o puedan ser de la derecha en el corto futuro, es un paí­s donde la democracia y el Estado de Derecho se respeta.

 

Qué envidia, de forma sana, deberí­a de darnos a todos los centroamericanos, incluyendo a Costa Rica, el ver y comprobar las condiciones polí­ticas, económicas y sociales que existen en Chile. Estoy seguro que si el señor Laví­n y el señor Piñera, que fueron candidatos a la presidencia de la República  por parte de los partidos de derecha, vinieran  a Centroamérica y nos propusieran implementar sus programas de gobierno, el pago de impuestos que existe en ese paí­s, la  cúpula económica y sus achichincles les dirí­an «comunistas».

 

Un gobierno democrático es el que fomenta la igualdad, la ecuanimidad y la justicia, no el que defiende o crea privilegios. La democracia se construye, no se destruye.