En relación a los médicos, aún los hay que parecen militares de cuartel en su trato hacia los pacientes, les hablan en tono de regaño, no son tolerantes y no permiten, en algunos casos, que los familiares o parientes ingresen a las clínicas para informar respecto de los achaques o síntomas de las dolencias de salud presentadas.
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No conocen la realidad sanitaria de sus pacientes, tratan de atenderlos lo más pronto posible, no les prestan atención, algunos ni siquiera se dignan a ver la cara del paciente y sólo escuchan los síntomas para recetar de forma cuasi automática; no están enterados de la existencia de medicina en las bodegas de farmacia y como que si ellos fueran los propietarios de los medicamentos, pareciera que lo regatean.
Cuando no los hay en la farmacia, es un tormento y suplicio estar llamando por teléfono para saber cuándo habrá existencia; y cuando la hay, se debe llegar desde las cinco y media o seis de la mañana para hacer la «cola» específica en la calle para luego ingresar al edificio y recibirlos en la farmacia. Las personas adultas ya no están en capacidad física de permanecer varias horas de pie esperando a ser atendidas.
El IGSS por medio de CAMIP, DEBE BRINDAR UN SERVICIO OPORTUNO Y DE CALIDAD a sus pensionados, jubilados y beneficiarios garantizándoles mejores condiciones de salud y por ende contribuyendo a una mejor calidad de vida; tal y como lo expresa en su publicidad contenida en la página web, donde expone sus bondades y las doce especialidades que atiende.
Los actuales servicios SON INSUFICIENTES para la demanda; las salas de espera son lugares de hacinamiento sin la comodidad mínima; las clínicas donde atienden los médicos son de espacio tan limitado que ni siquiera tienen camillas para realizar exámenes físicos, mucho menos el instrumental necesario. Por lo anterior, algunos médicos se limitan a recetar a destajo y su comportamiento podría entenderse como comprensible; porque sin insumos no se puede prestar un buen servicio.
Las autoridades del CAMIP deben interesarse para construir más instalaciones y brindar el servicio que se merecen los jubilados, pensionados y beneficiarios del IGSS, en un gran porcentaje, personas de edad avanzada quienes POR LEY son derechohabientes de dichos servicios y no están recibiendo absolutamente nada de gratis: porque ya tributaron bastantes años.
Espero que las actuales autoridades del CAMIP no sean tan insensibles ante la cruda realidad que viven quienes requieren servicios en dicha institución; estoy seguro que habrá alguna forma para cumplir con el DEBER que tienen determinado por LEY y porque en el aspecto humano, también llegarán a ser adultos mayores, de la tercera edad, viejos, viejitos, como quiera denominársele a las personas. OJ ALí.-