«Isla Negra, escondite marinero del poeta» alocución de Carmen Matute (II)


Grecia Aguilera

El relato de mi apreciable amiga Carmen Matute, me transportó mágicamente al refugio lí­rico de Pablo Neruda; me llevó sin sentir con su palabra en viaje imaginario hacia los mares del poeta, y al instante se trasladó mi pensamiento hacia la embarcación terrena, espí­ritu inmenso de Neruda. Casi tocamos los mascarones de proa, que son para el poeta sus juguetes más preciados. Carmen Matute escribe sobre estas imágenes: «Su extraordinaria colección de mascarones de proa, esas bellas esculturas de mujeres realizadas en madera, traí­das de todas partes del mundo, cuelgan de las vigas del techo en Isla Negra. Mascarones de proa, como ángeles que guiaran a los hombres de mar entre las aguas de mares y océanos ignotos. Una de ellas, a la que Neruda bautizó Marí­a Celeste, llora cada invierno. La gente que la ha visto afirma que tal vez llora porque extraña el mar. Lo cierto es que las lágrimas brotan de sus ojos aparentemente sin vida. «Mis juguetes más grandes son los mascarones de proa» escribió el poeta, y es a una de estas figuras gigantescas a la que dedica los siguientes versos: «En las arenas de Magallanes te recogimos cansada navegante, inmóvil/ bajo la tempestad que tantas veces tu pecho dulce y doble desafió… Para mí­ tu belleza guarda todo el perfume,/ todo el ácido errante, toda su noche oscura./ Y en tu empinado pecho de lámpara o de diosa,/ torre turgente, inmóvil amor, vive la vida./ Tú navegas conmigo, recogida, hasta el dí­a/ en que dejen caer lo que soy en la espuma.» » Este trabajo literario de la exquisita poeta Carmen Matute refleja la pasión y el intenso amor que nacieron desde el momento en que Pablo Neruda entró en su vida: «Tení­a yo catorce años cuando alguien me hizo un regalo que en muchas formas me marcarí­a. Era un libro pequeño, con una portada gris cuya sencillez no delataba la riqueza que me esperaba escondida en su interior. El nombre de aquel libro era «Los Versos del Capitán», nombre por demás evocador y sugerente, que me hizo soñar -despierta y dormida- durante mucho tiempo con aquel misterioso Capitán, que utilizaba la palabra de una manera mágica y ensoñadora.» Con la preciosa «Oda a Pablo», Carmencita Matute rinde homenaje y elogia la obra del rapsoda Pablo Neruda. Transcribo para ustedes un fragmento de esta hermosa exaltación: «Desde tu pecho/ un huracán de amor/ se desata sobre la geografí­a del planeta,/ lleno de hombres abatidos/ que llamas tus hermanos,/ por quienes siempre alzas/ tu enorme puño americano./ Tiembla tu corazón de barrilete/ amarrado en una esquina de la Tierra./ Tiembla tu corazón de cántaro libertado,/ tu corazón, mensajero de esperanza./ Tus manos reparten pan/ en los obscuros callejones,/ reparten vino en las mesas/ donde la amistad germina,/ reparten tu palabra desgarrada de poeta,/ delirante y viva./ Y así­ te encuentro, Pablo,/ en la tranquila serenidad del viento,/ en la dorada falda de la primavera,/ en los barcos ocultos en silenciosas/ ensenadas,/ en el polen de los astros,/ en el trébol diminuto,/ en el rebaño de colores/ que apacienta el arco iris,/ en los morados pezones/ de las uvas,/ en las ropas harapientas del obrero./ Te encuentro, Pablo,/ sin edad, sin patria,/ metido en el fondo de trincheras,/ sentado a la mesa de los pobres,/ viendo trabajar paciente al alfarero,/ o con la lumbre de la fragua/ reflejándose en tu frente./ Del profundo desfiladero/ de tu garganta/ brota tu canto al universo/ como un relincho salvaje, indómito,/ redondo, pleno,/ en borbotones de inevitable rebeldí­a./ Auténtica,/ tu hombrí­a de poeta/ vertical como cascada,/ me inunda,/ cae/ elemental, resplandeciente.»