Agujero fiscal


La existencia del agujero fiscal, dado a conocer por el presidente Colom, revela ser de más de 7 mil millones. Imposible ocultarlo, por cuanto la población así­ lo viene percibiendo desde hace rato. La crisis en ese orden impacta demasiado y su cauda genera situaciones en dirección a cuadros del todo pesimistas en el futuro inmediato.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Es abrir el telón entre recurrentes actos en nuestro medio La acción inmediata también refiere a qué hacer, por cuanto el anuncio no basta. Medidas acordes y urgentes a implementarse tienden a la afrontación pertinente. De primeras se recurre a mayor endeudamiento. Creación de nuevos impuestos, siempre rechazados por los contribuyentes.

Dicha crisis sin precedentes tan acentuados significa, hoy en dí­a, un auténtico terremoto social. Sacuden con fuerza telúrica los de suyo débiles esfuerzos de los sectores empobrecidos en extremo, tipo sobrevivencia. Y en el orden nacional obliga a traspiés enardecidos de protestas, clamores y malestar en patético ascenso.

La de nunca acabar adquiere visos furibundos las presiones continuas de poderes económicos instalados para hacer la existencia imposible a quienes nada tienen. De nuevo se agigantan la especulación, llenarse hasta la saciedad a costa de la mayorí­as. Las gananciales a tambor batiente y recalcitrante de esos sectores privilegiados multiplican por millones sus haberes, en circunstancias precarias a no dudar.

Pero al agujero fiscal, actualmente noticia de portada domina el estado de cosas a diario, causa directa del fenómeno tremebundo. Comparten unidos por el eje insensible la malhadada responsabilidad en nuestro paí­s. Las sacudidas llegan del Norte, como rebote del descalabro acumulado de la economí­a de allá insolvente y evidente.

Una cosa apareja por lo regular otra, tanto o más grande. El cierre en el paí­s estadounidense de empresas constituye el ingrato desempleo. De esa suerte sin suerte, las remeses familiares están reducidas a su mí­nima expresión. Coyuntura que de inmediato repercute a tí­tulo de mucho más crisis en las familias beneficiadas en el ayer.

Por añadidura de corte fatalista la recaudación fiscal acusa una considerable baja de 9 por ciento. Tal estima la SAT, habida cuenta que la meta a obtener se habí­a previsto en unos Q38,600 millones para el cierre fiscal. Hasta el 31 de mayo reportó un 9.1 por ciento menos en los ingresos captados en las mismas fechas el año pasado.

En nuestra opinión personal, en modo alguno tiene sentido interpelar al titular de la cartera de Finanzas Públicas. A menos que sea contarle las costillas respecto a porqué, cómo y adónde van a parar los dineros recaudados. O sea quiere saber de qué manera se gastan los dineros de los contribuyentes agobiados y maltrechos.

El referido agujero fiscal no podrá no podrá subsanarse fácilmente. Ello implica una tarea similar al calificativo de romanos. Equivale, ni vuelta de hoja, a un desafió al gobierno Central, que junto al municipal deberán hacer esfuerzos máximos, a fin de superar este problemón. En condición epocal de encontrarnos en perí­odo de «Vacas flacas», pasa a otro deterioro.

Todo el frondoso aparato estatal a ponerse en marcha, digamos a pasos de vencedores. Amerita y exige esta posición fuera de serie. Hora es de quemarse las pestañas, inclusive. Es tema prioritario que estrechen filas ministros y segundos de aborde; técnicos y la extensa gama de asesores que respaldan al presidente Colom sin espera.

Tan no sorpresivo asunto en la pauta de deliberaciones, salidas viables, aparte de congruentes con el momento difí­cil; eso y mucho más requiere tras las mejores alternativas. Empero exige la prontitud debida, distante eso sí­ de resolver y accionar a rajatablas, a efecto de sólo quitarse una brasa de encima, más antes que después.