San Cristóbal
Se lanza a los caminos en busca de Cristo y termina junto a un río por donde pasan incontables viajeros a los que él lleva hasta la otra orilla a cambio de unas monedas. Hasta que un día cruza la corriente cargado con un niño a quien no se molesta en preguntar; ¿qué va a saber aquella frágil criatura? A mitad del río su peso se hace insoportable. ¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero? Le preguntó. Tienes razón, le dijo el Niño. Peso más que el mundo entero, pues soy el creador del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamarás Cristóforo, Cristóbal; el portador de Cristo. A cualquiera que ayudes a pasar el río, me ayudas a mí.