Esa medida significa un cambio de enfoque respecto a las estrategias anteriores para combatir el hambre, basadas en la ayuda alimentaria directa.
La decisión se adoptó en la última sesión de la cumbre de tres días, en la que participaron dirigentes del G8, de otros países industrializados como los del G5 de emergentes y una decena de países africanos.
La atribución de los 20.000 millones se escalonará en tres años, y sus principales beneficiarios deben ser pequeños agricultores.
El anuncio inicial era de 15.000 millones, acompañado por un llamamiento a otros países y al sector privado para incrementarlo, que tuvo un efecto inmediato.
«Hemos tenido la satisfacción de poder subir (esa suma) de 15.000 a 20.000 millones de dólares», se congratuló el anfitrión de la cumbre, el jefe de gobierno italiano Silvio Berlusconi, en la rueda de prensa final.
Estados Unidos aportará unos 3.500 millones de dólares; Japón y la Unión Europea (UE) prometieron también de 3.000 a 3.500 millones cada uno.
El anuncio se produjo horas antes de que el presidente estadounidense Barack Obama, de padre keniano, y su esposa Michelle, descendiente de esclavos, emprendan su primer viaje a ífrica, un continente que será el principal destinatario del paquete del G8.
«Hemos prometido invertir 20.000 millones en seguridad alimentaria, en programas de desarrollo agrícola, para ayudar a combatir el hambre en el mundo. Eso se suma a la ayuda que ya estamos brindando», dijo Obama.
«Pensamos que la ayuda debe focalizarse en crear las condiciones para que ya no haga falta ayudar a personas que consiguieron sustentar sus propias vidas, alimentar a sus familias y elevar sus niveles de vida», agregó.
Un plan que parece lejano, pues según un informe de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) publicado en junio, la barrera de mil millones de personas que padecen hambre en el mundo será superada por primera vez en 2009, con el ingreso de 100 millones de personas en esa triste estadística en el último año.
El cantante Bono, un firme promotor de la ayuda para ífrica, resaltó la política de Obama, quien desde su llegada a la Casa Blanca en enero está dando fuertes golpes de timón a las políticas de su predecesor George W. Bush, centradas en la «guerra contra el terrorismo».
«De todos los enemigos de la civilización, el hambre es el más estúpido, que se burla de todas nuestras verdades», dijo el cantante del grupo irlandés U2.
Los países receptores de ayuda manifestaron preocupación en los últimos meses por el incumplimiento de promesas de ayuda de los países ricos, todos ellos sumidos en una recesión que les obligó a lanzar programas de rescate de billones de dólares para sus propios bancos e industrias y sus millones de nuevos desocupados.
Esos billones evitaron el colapso global, pero el proceso de recuperación total será largo, advirtió Obama, al dar parte de las discusiones del G8 (EEUU, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá y Rusia).
«Hemos coincidido en que la recuperación total aún está lejos, en que sería prematuro aflojar nuestros planes de estímulo y en que debemos seguir esforzándonos para que esos planes apuntalen los cimientos con vistas a una recuperación fuerte y duradera», afirmó.
La cumbre se llevó a cabo en L»Aquila, devastada por un terremoto en abril que dejó casi 300 muertos y decenas de miles de damnificados, 24.000 de los cuales siguen viviendo en tiendas de campaña.
El viernes, unos 5.000 militantes antiglobalización y habitantes de L»Aquila indignados por el retraso de las obras de reconstrucción marcharon por las calles del casco antiguo de la ciudad.
El viernes, último día de la cumbre, el G8 se abrió al G5 de emergentes (China, India, Brasil, México y Sudáfrica), en un formato de discusiones que muchos presidentes propusieron institucionalizar.
Los dos bloques trataron entre otras cosas de la lucha contra el cambio climático, acordando el objetivo de limitar el calentamiento global a 2º centígrados respecto a los niveles previos a la era industrial, pero sin conseguir consenso sobre los plazos y los medios para invertir la curva de emisiones de gases de efecto invernadero.
Industrializados y emergentes denunciaron además el proteccionismo, y expresaron su voluntad de concluir en 2010 la Ronda de Doha de liberalización del comercio mundial.
El presidente estadounidense, Barack Obama, se pronunció hoy a favor de una reforma y una ampliación del G8 a países emergentes y de una reducción del número de cumbres internacionales.
Obama dijo estar a favor de una ampliación del G8 a los países emergentes como Brasil, India o China, y subrayó que sin esos países, no era posible resolver los grandes problemas internacionales.
«Algo absolutamente cierto, es que para nosotros, el hecho de creer que podremos responder a los grandes desafíos internacionales sin las grandes potencias como China, India o Brasil, es simplemente erróneo», afirmó.
«No va a funcionar tener continentes enteros como Africa o América Latina que no estén representados por estos grandes foros internacionales y las organizaciones en las que se toman las decisiones», advirtió.
Algunos mandatarios, como el presidente brasileño, Luis Inacio Lula da Silva y el francés, Nicolas Sarkozy, expresaron su deseo de simplificar y expandir el sistema internacional incluyendo de manera institucional a las potencias emergentes, fundiendo el G8 con el G14 o el G20.
Otros, como el primer ministro japonés, Taro Aso, consideran que el G8 sigue desempeñando un papel importante porque las decisiones son más fáciles de tomar en un grupo reducido de democracias industrializadas.
Al ser interrogado sobre la pertinencia misma del G8, en comparación con el G20 o el G14, Obama dijo que una evolución estaba en curso, tras la cual sería posible encontrar «la buena fórmula».
«Lo que espero es que en los próximos años, haya una evolución y podamos encontrar la buena fórmula. Lo que deseo es reducir la fiebre de las cumbres», dijo.
«Pienso que existe la posibilidad de reducirlas y hacerlas más eficaces», añadió.
De manera general, Obama se pronunció a favor de una reforma y una renovación de las instituciones internacionales, en primer lugar la ONU y el G8.
«Pensar que estas instituciones pueden abordar correctamente los enormes cambios que sucedieron en el curso de los últimos decenios no tiene sentido», declaró.
Obama precisó haber hablado de la reforma de la ONU con su secretario general, Ban Ki-Moon, también presente en L»Aquila (Italia) durante la cumbre del G8. «Soy un ferviente hincha de la ONU, pero necesita ser revitalizada y reformada», dijo.
El G8 reúne a Estados Unidos, Japón, Canadá, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia y Rusia.
El G5 reúne a China, India, Sudáfrica, Brasil y México.
El G14 reúne a los dos grupos citados anteriormente, más un país invitado a L»Aquila, Egipto.
Por último, el G20 reúne al G8, el G5 y Argentina, Australia, Indonesia, Arabia Saudí, Corea del Sur, Turquía y la Unión Europea (UE).
Miles de habitantes de L»Aquila y de militantes antiglobalización iniciaron hoy una marcha por las calles del casco antiguo de esta ciudad italiana devastada por un sismo en abril pasado que causó unos 300 muertos, para protestar contra la cumbre del G8.
La marcha «pacífica», en la que participaban unas 5.000 personas, fue organizada por comités de ciudadanos indignados por el retraso en la reconstrucción de L»Aquila, apoyados por los movimiento antiglobalización.
Vigilados por un imponente servicio de seguridad, la manifestación comenzó a las 13H30 locales (11H30 GMT), al tiempo que comenzaba la conferencia de prensa final de la cumbre del G8.
La manifestación partió de Paganica, cerca L»Aquila, a unos 7 km, donde fue instalado un campamento para los damnificados y atraviesa el centro, lejos de la zona donde se celebró la cumbre.
«El éxito de esta manifestación es que sea pacífica», explicó Stefano Frezza, del movimiento «Frezza Epicentro Solidale» al diario local.
La anterior cumbre del G8 celebrada en Italia, en Génova, en el año 2001, terminó con la muerte de un joven durante enfrentamientos entre policías y manifestantes.