Violencia e indiferencia


En vez de inteligencia, el gobierno de ílvaro Colom muestra frente a la violencia una garrafal y dolorosa indiferencia que mantiene a la población desesperada por la ausencia de seguridad. Como si el lema de campaña hubiera sido que la violencia se maneja con indiferencia porque es obvio que el drama de los guatemaltecos es ajeno y no perturba a la gente de gobierno que sigue con su plan de afianzar una plataforma polí­tica mediante las polí­ticas sociales y el cheque en blanco para que sus finalistas hagan micos y pericos, lo que garantiza que tendrán suficiente recurso para la próxima campaña.


El actual gobierno tiene bien definida su estrategia polí­tica que gira alrededor de las aspiraciones de la esposa del Presidente y avanzan con paso firme en la lí­nea de mantener la inversión en donde genere votos y de permitir a los que ya fueron sus financistas que se atasquen ahora que hay lodo, con la garantí­a y certeza de que pueden tener negocios para rato si continúan en la misma lí­nea y comparten algo de las muy jugosas ganancias que han tenido en estos dieciocho meses.

Basta ver lo que significó para el paí­s el nombramiento de un ministro de Gobernación que no tení­a idea de lo que significaba el problema de la criminalidad para entender que esa forma de gobernar no tiene ton ni son. Gándara fue puesto para que trasladara dinero destinado a la seguridad ciudadana a los programas de cohesión social y fue lo único que hizo en su gestión, permitiendo un incremento lamentable en los í­ndices de violencia y criminalidad. Esas muertes adicionales pesarán sobre la conciencia, si es que tienen, de los funcionarios que tomaron la torpe decisión de encomendarle la responsabilidad de velar por la seguridad ciudadana.

El Gobierno sigue campante con su tónica sin la presión de asumir compromisos en campos fundamentales como el de la seguridad porque trazaron su lí­nea estratégica y la están cumpliendo al pie de la letra. No es que no tengan plan, sino que su proyecto no tiene nada que ver con aquella idea de campaña de que la violencia se combate con inteligencia, recurso que apenas si fue diseñado del diente al labio para enfrentar la avalancha de la mano dura que estaba empezando a calar entre la gente.

Y eso generó un mandato porque la población querí­a seguridad ante la violencia. Mandato que se han pasado tranquilamente por el arco del triunfo porque, hasta hoy, su incumplimiento no les ha afectado en absoluto en el objetivo final que es el de prolongar su presencia en el poder. Y mientras la gente siga también indiferente, ellos continuarán su marcha imperturbables.