Tranquilidad aparente, con severas advertencias


FOTO LA HORA: Peter PARKS

Los Soldados chinos pasan frente a un cartel de propaganda en la ciudad de Urumqui en Xinjian.» title=»FOTO LA HORA: Peter PARKS

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<p>La ciudad de Urumqi parecí­a volver a la normalidad bajo el patrullaje de tropas antidisturbios y advertencias de las autoridades chinas sobre «severos» castigos a los responsables de la violencia interétnica en la capital de Xinjiang (noroeste de China).</p>
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El presidente chino, Hu Jintao, que regresó precipitadamente al paí­s luego de anular su participación en la Cumbre del G8, que se lleva a cabo en Italia, se reunió hoy en Pekí­n con el Buró Polí­tico del Partido Comunista Chino.

Tras el encuentro, la más alta instancia dirigente del paí­s emitió un comunicado prometiendo un «severo castigo» a los responsables de los disturbios étnicos que opone a hanes, etnia mayoritaria china, y uigures, principal minorí­a de Xinjiang, desde el domingo y que dejaron ese dí­a oficialmente 156 muertos en Urumqi.

La estabilidad en Xinjiang «es la tarea más importante y acuciante», indicó un comunicado difundido tras la reunión, citado el jueves por China Nueva.

En Urumqi, los militares y policí­as antidisturbios eran menos numerosos, pero continuaban sin embargo separando fí­sicamente los barrios de hanes de los sectores uigures, musulmanes de lengua turca que constituyen la principal minorí­a de esta región del noroeste del paí­s.

Las violencias étnicas enfrentaron a estas dos comunidades los últimos cuatro dí­as. El domingo por la noche, los hanes fueron el objetivo de los agitadores uigures en incidentes que dejaron oficialmente 156 muertos, mientras que el martes y el miércoles los hanes que buscaban vengarse bajaron a las calles.

El Congreso Mundial Uigur, de la disidente exiliada Rebiya Kadeer, afirmó que entre 600 y 800 personas murieron en los disturbios.

Las autoridades anunciaron el miércoles por la noche que la situación estaba bajo control en esta ciudad de dos millones de habitantes.

Las fuerzas del orden, que el miércoles gritaban «Â¡Protejan al pueblo!, ¡Preserven la estabilidad!», desplegaron este jueves en los camiones que surcaban la ciudad carteles en donde se podí­a leer «Traigamos la paz a la ciudad», pero también «Aplastemos a los separatistas».

No se vio ninguna aglomeración de gente armada, a diferencia de los dí­as anteriores, y los transportes públicos volvieron a circular durante la mañana, como los taxis en las grandes arterias de los barrios hanes, según se constató.

Tras un cierre oficial de tres dí­as, algunos comercios abrieron sus puertas este jueves. Por temor a nuevas violencias, muchos otros permanecieron cerrados.

«Â¿Cómo la vida puede retomar un curso normal con tantos soldados?», se preguntó por su parte una mujer llamada Li.

El bazar -gran mercado oriental en medio del barrio uigur- no reinició sus actividades. Para algunos, el cierre del bazar ilustra bien la diferencia de trato de las comunidades.

«Allá, en la parte china, los autobuses circulan, los negocios están abiertos, pero aquí­ no. Aquí­ no hay autobuses y los negocios están cerrados. ¿Es un trato igualitario esto?», dijo el propietario de una tienda de ropa.

Los uigures acusan regularmente a los hanes de tratarlos como ciudadanos de segunda clase y utilizan la excusa de una amenaza separatista para reprimirlos polí­tica, cultural y religiosamente.

Según la disidencia uigur en el exilio, los disturbios del domingo estallaron luego de una brutal represión a una manifestación pací­fica.

Los disturbios que sacuden al Xinjiang «alcanzaron una dimensión de atrocidades», afirmó el miércoles el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, cuyo paí­s mantiene lazos culturales y religiosos con los uigures, y pidió al Consejo de Seguridad de la ONU que estudiara el tema. China lo descartó este jueves, afirmando que el gobierno «tomó medidas acordes a la ley», según declaraciones del vocero de la cancillerí­a Qin Gang.

El Congreso Mundial Uigur, de la disidente exiliada Rebiya Kadeer, afirmó que entre 600 y 800 personas murieron en los disturbios.