Trastorno lí­mite de la personalidad


Discurriendo que parte del desarrollo de los trastornos de la personalidad se encuentra enlazado a la problemática de violencia infantil y violencia intrafamiliar. Hemos de considerar que estos trastornos son cada dí­a más frecuentes y las personas que los padecen se sienten incomprendidas y rechazadas por un mundo al que asumen malévolo, del cual necesitan defenderse.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

En este desorden existe una baja autoestima, sentimientos de soledad, de vací­o existencial, muchas veces se cuestionan sus vidas y la permanencia dentro de ellas. Sus manifestaciones van desde dificultades en el proceso del pensamiento en el cual todo es blanco o negro, sin posibilidad de otras alternativas. Sus emociones son extremas al igual que su conducta; puede ser que amen tan fácilmente como odien de la misma manera, tienen temor al rechazo y al abandono, por lo cual, juegan el juego de patéame, para confirmar su idea constante que en la vida nadie les quiere y siempre han de ser heridos por los demás.

Son personas que suelen parecer agradables, encantadoras que buscan vivir la vida a plenitud sin importar el correr riesgos. Su actividad sexual puede ser promiscua, dentro de su conducta existe una tendencia a actuar sus conflictos en lugar de expresarlos de manera verbal, pueden tener varios intentos suicidas y conducta psicótica en momentos de crisis. No piensan ni meditan muy bien sus actos por lo cual el grado de peligrosidad para sí­ mismos y para quienes lo rodean es alto.

Este tipo de personalidad tiene dificultad para establecer ví­nculos con otras personas, desconfí­a de ellas, pero también, son personas que no tienen mucha seguridad en sí­ mismas. Les cuesta establecer quiénes son, sentir sus propias necesidades y responder a las mismas. En algunas ocasiones realizan actos autolesivos, como lastimarse intensamente hasta provocar heridas cortantes y se golpean a sí­ mismas. Esto de alguna manera les ayuda a establecer contacto con su cuerpo y consigo mismos. Existe una carencia de sentido de identidad y esta también abarca la identidad sexual.

Las personas sufren pero también hacen sufrir, son desconsideradas con el o la prójimo. No toleran las situaciones frustrantes mí­nimas, lo que les conduce al enojo, a la ira que puede llegar hasta sintomatologí­a psicótica.

Esta enfermedad se ha asociado a abuso sexual infantil, a desordenes alimenticios en especial a la conducta bulí­mica, a diferentes adicciones desde a sustancias psicoactivas hasta las sexuales. Y es un desorden con manifestación en los dos sexos pero con mayor frecuencia se presenta en las mujeres.

Se discute en la actualidad sobre esta entidad diagnostica el hecho de que deba también verse como parte del diagnóstico diferencial de sobrevivencia al incesto. Vista esta otra alternativa, la segunda categorí­a tiene mejor pronóstico.

Las personas con este problema difí­cilmente buscan ayuda fuera de un momento de crisis. Pero es importante trabajar a nivel psicoterapéutico en el fortalecimiento de su yo, de su sentido de identidad, del manejo de sus lí­mites, de la posibilidad de vincularse de mejor manera con otras personas.

Fortalecer su autoestima, el control de impulsos y mejorar el manejo de emociones. Evitar a toda costa que estas personas sufran de autoagresiones o lesionen las vidas de terceros.