¿Cómo evitar que lo de Zelaya se repita?


Lo ocurrido a Zelaya en Honduras debiera servir a los presidentes latinoamericanos de advertencia. «Echa pan en tu matate» me decí­a mi abuelito cuando alguien tení­a problemas derivados de su dejar hacer y dejar pasar. Muy cierto es que cada paí­s es distinto, pero lo que sigue siendo parejo, es el desencanto, la frustración y el cansancio de la población cuando comprueba que le dijeron un montón de mentiras durante la pasada contienda electoral y a la hora de «rajar ocote», las carencias y necesidades siguen igualitas a como estaban hace 5, 10 o 15 años. Por ejemplo, ¿qué dice la población guatemalteca cuando mira salir despepitado a su Presidente al extranjero para proteger a su colega Zelaya, pero la seguridad ciudadana perdida desde hace tanto tiempo en su tierra sigue igual o peor de cuando inició su mandato? Un amigo a quien le rompieron el carro en pocos minutos para robarle sus pertenencias, estacionado en una gasolinera, cuando se bajó a realizar una compra en su centro de conveniencia me dijo: -«No hay derecho don Paco, que los chapines no podamos vivir tranquilos, mientras Zelaya se la pasa del tingo al tango hasta con guardaespaldas al canto».

Francisco Cáceres Barrios

Los titulares de los medios de comunicación reflejan la difí­cil situación que seguimos viviendo sin visos que se componga. «Piden control en ruta» cuando en la interamericana los autobuses extraurbanos cometen toda clase de abusos irrespetando las disposiciones de tránsito. «Diariamente se roban 17 automóviles» dato afirmado por la División Especializada en Investigación Criminal (DEIC) sin que la Policí­a Nacional Civil cumpla con su obligación de prevenir los delitos y no que llegan al sitio del zafarrancho hasta que ya sucedieron los hechos lamentables. «Dos en motocicletas ultiman a piloto de bus extraurbano», lo que viene sucediendo a pesar de la gran amolada que las autoridades le dieron a nuestra gente de más escasos recursos, pero que a la postre sigue «la misma mica con diferente montera» y así­, pudiéramos seguir hasta llenar el periódico con más evidentes contrasentidos.

No tengo duda que a nuestros funcionarios les encanta ver la paja en el ojo ajeno, viendo que en el propio tienen una viga. Les hierve la boca para calificar acremente a los hondureños que aseguran que en su tierra no hubo tal golpe de Estado, sino una consecuencia del palabrerí­o de Zelaya para cumplir con sus promesas electorales y encima de ello, retorcí­a las leyes para volarse de un plumazo la reelección que su Constitución prohí­be. Pero yo creo que ya es tiempo de retomar la prioridad de nuestros asuntos sobre cualquier cosa que la distraiga, por ejemplo, ¿qué pasó con la investigación diligente y exhaustiva que se iba a hacer sobre el asesinato de Rodrigo Rosenberg? El tiempo transcurrido demuestra que va a pasar a ser una promesa más incumplida. ¿Cierto?