Golpe de Estado


Aunque al final pueda parecer una discusión semántica, la forma en que se quiere retorcer la realidad para desvirtuar la comisión de un golpe de Estado en Honduras obliga a que se hagan algunas puntualizaciones, porque por mucho que se pueda afirmar que Manuel Zelaya habí­a violentado la ley de su paí­s y que estaba actuando de manera autoritaria, el mecanismo que se utilizó para separarlo del cargo fue burdo y no puede recibir otra calificación que la de golpe de Estado.


Nadie puede negar que en Honduras se produjo una acción militar que expatrió al gobernante, apartándolo del poder, y que posteriormente la Asamblea Legislativa lo despojó del cargo y esgrimió una falsa carta de renuncia entre otros argumentos para justificar su acción. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, el golpe de Estado es la «Actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes», situación que fue exactamente la ocurrida en la madrugada del domingo de la semana anterior, cuando la soldadesca sacó de la cama al presidente Zelaya para meterlo a un avión y enviarlo a Costa Rica.

En 1930 Curzio Malaparte escribió su libro «Técnica del Golpe de Estado» y de la lectura de ese texto se puede concluir también que lo de Honduras fue cabalmente un golpe. Malaparte «aplica el concepto del golpe de Estado, no solo a una operación ejecutada por integrantes del Estado, sino también por poderes civiles, que mediante la desestabilización del Gobierno a través de acciones orientadas a generar caos social, provocan su caí­da y acceden al poder», tal y como lo hicieron en conjunto el poder judicial, el poder legislativo y el ejército hondureño.

De suerte que en ese tema no hay que andarse por las ramas ni vale la pena ahondar en discusiones. El punto central ahora debe ser la salida de la crisis polí­tica en el vecino paí­s y aparentemente todo se encamina a que será en Costa Rica donde se emprenderá la ruta de la negociación luego de que tanto Zelaya como Micheletti aceptaron reunirse en la Casa Presidencial de ese paí­s con í“scar Arias como amigable componedor.

Es difí­cil saber a ciencia cierta cuál será el desenlace de esa reunión porque ambos pregonan, como debe ser, que no cederán en sus posiciones. Si alguien ahora dijera que está dispuesto a ceder, mejor que ni vaya y que abandone la lucha, porque el punto de partida de ambos tiene que ser la negativa a retroceder, pero todos sabemos que ambos están en situación extremadamente difí­cil y que tendrán que negociar para solventar el atolladero provocado por el golpe de Estado.