La Unión Europea (UE) trata de seguir sacando lecciones de la crisis financiera con la decisión tomada ayer por sus ministros de Finanzas para que los bancos se doten de provisiones en periodos de bonanza y prevengan nuevas debacles, un sistema que ya funciona en España.
El mecanismo consiste en que los bancos retiren provisiones de sus beneficios en momentos de coyuntura favorable en vistas a cubrir futuras pérdidas como, por ejemplo, el impago de hipotecas por parte de los clientes.
«Se trata de incrementar las reservas de capital en fases alcistas y bajarlas en las bajistas», declaró tras la cita ministerial en Bruselas la vicepresidenta segunda del gobierno español, Elena Salgado, congratulándose de que la UE adoptara un modelo que en su país ya se aplica desde 2000.
Muchos expertos estiman que este mecanismo permitió que los bancos españoles resistieran mucho mejor a la crisis financiera de 2008 que otras grandes insignias europeas del sector, rescatadas in extremis por los respectivos gobiernos.
Según los ministros de Finanzas de la UE, las ventajas de estas provisiones no se limitan a echar mano de ellas en tiempos de crisis, sino que permiten «evaluar mejor los beneficios reales», «adaptar las primas concedidas a los directivos» y permitir a los inversores ser «más conscientes de los riesgos».
«Hemos alcanzado unas conclusiones muy contundentes» para construir «un sistema más robusto», mejorar las capacidades de «crear colchones financieros» y abogar por «la rentabilidad a largo plazo», dijo el titular sueco, Anders Borg, cuyo país ejerce la presidencia semestral de la UE.
Además de este «tampón anticíclico», los ministros europeos examinaron otras medidas para corregir los fallos de la debacle financiera de 2008 y prevenir que los ciclos económicos tengan consecuencias tan nefastas, capaces de meter del día a la noche a las mayores potencias mundiales en la recesión.
Los 27 abogaron por modificar las normas contables europeas de los bancos con el fin de crear unas condiciones equivalentes a las adoptadas en Estados Unidos, al estimar que Washington flexibilizó de forma unilateral las reglas de evaluación de los activos tóxicos para aliviar las cuentas de los bancos estadounidenses.
Cargaron además contra las astronómicas remuneraciones de los directivos, que tacharon de «estimulantes inapropiados» fruto de una «visión a corto plazo y de una percepción inadecuada del riesgo».
No obstante, conscientes de su impotencia para regular los sueldos y primas de los directivos, los ministros se limitaron a abogar porque cada Estado miembro emita «recomendaciones» para que los bancos corrijan tales excesos.
Las conclusiones adoptadas por los ministros sobre la creación de provisiones bancarias serán trasladadas a la Comisión Europea para que en octubre presente la modificación necesaria de la legislación europea.