China anunció hoy que al menos 140 personas murieron en los disturbios étnicos protagonizados ayer por musulmanes uigures en Urumqi, capital regional de Xinjiang (noroeste), los más mortíferos ocurridos en el país en décadas.
Las autoridades chinas indicaron que harían todo lo posible para impedir la propagación de los disturbios e impondrán un toque de queda que regirá a partir de las seis de la mañana (hora de Guatemala), aunque no se sabe si abarcará a toda la ciudad o únicamente a los barrios en donde se produjeron los disturbios.
«La situación es aún muy complicada», dijo Nur Bekri, presidente de Xinjiang citado por la agencia oficial China Nueva, añadiendo que la región tomaría «todas la medidas para impedir que la situación se extienda a otras regiones y para preservar la estabilidad regional» con un «refuerzo policial en Urumqi».
Residentes en la capital de Xinjiang, mayoritariamente musulmana, indicaron que las autoridades cortaron los servicios de internet y de telefonía celular en Urumqi.
Tras lo ocurrido en Urumqi, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidió hoy a Pekín que dialogue y que respete los derechos democráticos como las «libertades de reunión e información».
El primer ministro británico Gordon Brown pidió «contención» a las partes y que los problemas en la región se resuelvan a través del dialogo.
En la violencia en la capital de Xinjiang participaron miles de personas y la agencia oficial de noticias China Nueva dijo que el balance de muertos podría aumentar.
Más de 800 personas resultaron heridas, agregó esta agencia.
En su último despacho, esta agencia dijo que «las muertes por los disturbios en Xinjiang ascienden a 140 y siguen aumentando». En un primer momento, ayer, la agencia había informado que sólo tres personas habían muerto.
Fuentes del gobierno local dijeron que «varios centenares» de personas fueron arrestadas por su participación en las violencias, según China Nueva.
La televisión central CCTV había difundido imágenes de los enfrentamientos mostrando a civiles ensangrentados. Las imágenes de las víctimas se unieron a otras de vehículos y autobuses en llamas o ya carbonizados por el fuego.
Una mujer china dijo que unos 3 mil uigures protestaron ayer, algunos de ellos armados con palos y cuchillos.
El gobierno regional de Xinjiang indicó que «una investigación inicial muestra que la violencia fue organizada por el separatista Congreso Mundial Uigur dirigido por Rebiya Kadeer», de acuerdo con China Nueva.
Sin embargo, los uigures exiliados acusan a las fuerzas de seguridad chinas de haber reaccionado exageradamente para sofocar una protesta pacífica y dijeron que la policía disparó indiscriminadamente.
Hoy, la policía antidisturbios y otras fuerzas de seguridad, armadas con ametralladoras y portando escudos, patrullaban Urumqi para prevenir más motines, según un periodista en el lugar.
Importantes zonas del barrio musulmán de esta capital regional estaban cercadas por la policía.
Estas protestas se parecen a las que estallaron en marzo de 2008 en el Tíbet cuando los tibetanos atacaron en Lhasa a miembros de la etnia «han» en protesta por las represivas reglas chinas, según ellos.
Muchos de los casi 8,3 millones de uigures, musulmanes de lengua turca –algunos de los cuales son acusados por Pekín de llevar adelante una lucha independentista violenta en la región autónoma de Xinjiang– dicen que sufren una persecución política, cultural y religiosa.
Al igual que en el Tíbet, también se quejan de que los habitantes de la etnia han se han instalado en Xinjiang y dominan la vida política y económica de la región.
Testigos en Urumqi dijeron que la manifestación comenzó pacíficamente y degeneró rápidamente en violencias.
Hacia el mediodía «escuché dos explosiones (…). Vi a la policía llegar con vehículos blindados y dos autobuses repletos de soldados», dijo un joven de 26 años en Urumqi que pidió el anonimato.
En 2009 se cumplen 60 años desde que las tropas de la China comunista «liberaron pacíficamente» esta región.
Xinjiang es una región montañosa y desértica del noroeste de China poblada por unos 20 millones de habitantes, de los cuales 8,3 millones son uigures, musulmanes de lengua turca, algunos acusados por Pekín de encabezar una lucha independentista.
A más de 3 mil km al noroeste de Pekín, en la antigua Ruta de la Seda, esta región de 1,66 millones de km2, golpeada ayer por una violenta protesta que dejó al menos 140 muertos, ocupa la sexta parte del territorio chino.
Xinjiang cuenta con casi 20 millones de habitantes de 47 etnias, entre los cuales se encuentran los han, de origen chino, que pasaron de representar el 6% de la población a sumar el 40% con la política de desarrollo impulsada por Pekín desde los años 1990.
La región es fronteriza de Afganistán y de las ex repúblicas musulmanas de la URSS, Kazajistán, Tayikistán y Kirguizistán.
En esta región árida y pobre se encuentra la cuenca de Tarim, la principal reserva de hidrocarburos del país.
Esta región autónoma, cuya capital es Urumqi, fue anexada al imperio chino en 1884 y manifestó sus veleidades independentistas hacia Pekín incluso antes de la creación de la República Popular de China en 1949.
Una parte de la provincia conoció un breve periodo de autonomía bajo el nombre de Turkestán oriental, entre 1930 y 1949.
Las revueltas se intensificaron en 1990 luego de la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán y la independencia de las tres repúblicas musulmanas de la ex URSS. En abril de 1990 estallaron disturbios cerca de Kashgar (oeste) que dejaron 22 muertos oficialmente, y al menos 60 según fuentes occidentales.
Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, Pekín reforzó la represión en nombre de la lucha antiterrorista.
Con apoyo estadounidense, China obtuvo que un movimiento uigur -el Movimiento Islámico de Turkestán Oriental (ETIM)- fuera declarado por la ONU como una organización terrorista relacionada con Al Qaeda.
Según Pekín, la región está amenazada constantemente por terroristas que «accionan a distancia» y desde el extranjero a los agentes locales utilizando internet.
Esta amplia región árida constituye una de las dos zonas, junto con el Tíbet, en donde Pekín teme la inestabilidad.
En 2008, año de los Juego Olímpicos de Pekín, para los que China había reforzado la seguridad, unas 1.300 personas fueron detenidas, acusadas de atentar contra la seguridad del Estado, según la prensa estatal.
Esto no impidió que varios antentados, vinculados a la rebelión local, se produjeran en Xinjiang y en otras regiones chinas.
El más mortífero, un ataque contra un puesto policial de Kashgar, en el extremo oeste de Xinjiang, causó 17 muertos y 15 heridos el 4 de agosto, cuatro días antes de la apertura de los Juegos Olímpicos.