Oposición favorita en legislativas


FOTO LA HORA: DIMITAR DILKOFF

El suburbio de Sofia se prepara para la próxima elección con una lucha derecha-izquierda que se llevará a cabo el domingo.» title=»FOTO LA HORA: DIMITAR DILKOFF

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<p>La oposición de centro-derecha del alcalde de Sofí­a, Boiko Borisov, es favorita frente a los socialistas del primer ministro Serguei Stanishov en las elecciones legislativas del domingo en Bulgaria, pero la falta de mayorí­a absoluta le hará difí­cil formar gobierno, en un paí­s duramente golpeado por la crisis económica mundial.</p>
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El partido GERB de Borisov, ex guardaespaldas del último dictador Todor Jivkov y del ex rey Simeón II, alcanzarí­a entre el 28% y el 32% de los votos, y los socialistas (PSB) de un 17% a un 22%, según los sondeos.

El partido de la minorí­a turca MDL, miembro de la coalición gubernamental, lograrí­a entre el 9% y el 12% y el ultranacionalista Ataka entre el 8% y el 10%, según el instituto MBMD.

El reparto de los 240 escaños del Parlamento búlgaro entre siete u ocho partidos complicará inevitablemente la formación de un gobierno, aun más cuando todos excluyen una alianza con Ataka.

Según un analista de Gallup, Andrei Raichov, «lo más probable es un callejón sin salida poselectoral», con posibles nuevas elecciones en el próximo otoño boreal.

Borisov, de 50 años, se mostró reticente a las coaliciones calificadas de «trampa». Excluyó a los socialistas y al MDL como socios y tampoco desea aliarse con La Coalición Azul (derecha) que deberí­a lograr entre el 7% y el 8% de los votos. «Ser primer ministro no es un objetivo en sí­», aseguró.

Los socialistas se muestran dispuestos a una coalición derecha-izquierda y su candidato Serguei Stanishov, de 43 años, aseguró que «el peor escenario serí­a una anarquí­a polí­tica en tiempos de crisis».

Todos los partidos en liza quieren mejorar la imagen de Bulgaria, empañada por la corrupción, y recuperar la confianza de la Unión Europea (UE), a la que adhirió en 2007, para recuperar varios cientos de millones de euros retenidos.

La campaña estuvo marcada por las advertencias, repetidas a través de la radio y la televisión, contra el mal endémico de la «compra de votos» de los electores pobres, especialmente en el seno de la minorí­a gitana.

La distribución de sobornos, alimentos y objetos es una práctica corriente desde la transición poscomunista. La compra de votos es pasible de seis años de cárcel de multas de hasta 10 mil euros.

A pesar de ello, el 12% de los búlgaros se dicen dispuestos a vender su voto al partido que más pague por él, según un sondeo del instituto público NCIOM.

Una misión de observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) advirtió en un informe que «los electores de las minorí­as son vulnerables a estas presiones».

Por otro lado, estas elecciones ven entrar por primera vez en la carrera a personas detenidas o investigadas judicialmente, puesto que el estatuto de candidato les otorga la libertad y la inmunidad frente a la justicia.

Los hermanos Galov, dos empresarios que controlan la ciudad de Dupnitsa (oeste), inculpados de extorsión, se presentan como candidatos independientes y uno de ellos, Plamen Galov, tiene incluso posibilidades de ser electo.

Entre los 240 escaños, 31 están reservados por primera vez al partido que resulte mayoritario. El sistema proporcional se aplicará con los otros 209 escaños.

Un total de 6,8 millones de electores (cifra exagerada, según los analistas) están registrados sobre una población de 7,7 millones de habitantes. Aproximadamente un millón de electores residen en el extranjero.

El voto en el extranjero es practicado sobre todo por los búlgaros de origen turco, varios cientos de miles. Así­, el partido de esta minorí­a, el MDL, deberí­a obtener dos o tres escaños suplementarios, según la institución NCIOM.