En temas musicales de este viernes, año en que el ilustre compositor Felix Mendelssohn cumple 200 años de su nacimiento (1809), nos unimos al mundo occidental para celebrarlo. En tal sentido, como homenaje a Casiopea, esposa sublime y dorada, exquisita esencia que radiante de sol, ha cegado mis pupilas.
Desde la misma muerte de Mendelssohn (1827) no han faltado historiadores o críticos exigentes que arremetieran contra su obra, culpando al músico hamburgués de una supuesta falta de profundidad en sus composiciones y de que, para su desgracia, la época y el status social en que se desenvolvió no contribuyeron precisamente a dotar de mayor dramatismo a sus trabajos.
Hoy con la perspectiva del tiempo, es posible asegurar que ni su obra carece de consistencia artística, ni su época -a la que le correspondió vivir- estuvo tan lleno de bienestares y felicidad como se insinúa.
El retrato que se ofrece de Felix Mendelssohn es el de un hombre que vivió, amó y soportó mil sinsabores, conoció momentos de intensa satisfacción y murió prematuramente a los 38 años.
Una semblanza común en su circunstancia evoca a la de cualquier otro ser humano… si exceptuamos su legado, convertido en música; esa música repleta de pureza y brillantez que le otorga, incuestionablemente, un lugar entre los inmortales de todos los tiempos.
Conviene volver la mirada atrás y contemplar la figura de Moses Mendelssohn, abuelo del compositor, por la importancia histórica que tuvo en la Alemania del siglo XVII. Moses de ascendencia judía, fue uno de los fundadores del iluminismo, doctrina herética anticristiana.
Colaboró también con el escritor y filósofo Lessing, y fue amigo de Kant, a quien inspiró algunas de sus famosas ideas.
En 1811 la familia Mendelssohn se instaló en Berlín; Felix se ve obligado a asistir a veladas culturales casi diarias.
Por la mansión de la calle de Leipzing van pasando personajes como Hegel, Heine y Hoffmann. Lo que motiva la curiosidad del niño, que observa todo y ve todo con el interés de sus primeros años.
Más tarde, en 1816 y para resolver varios asuntos bancarios, Abraham -padre de Felix – y sus dos hijos mayores se trasladaron a París por unos meses. A su regreso, Felix inicia sus estudios con Nennimg y conoce la técnica del violín y la viola.
El maestro Hayse le da clases de filología; aprende pintura con Rí¶sel y música con Klein, Belser y Zelter. Su madre le introduce en la práctica del piano y en sus cortos ratos de ocio interpreta a los clásicos de manera sorprendente.
Su hermana Fanny le ayuda y anima constantemente. Es la primera en observar los rasgos de genialidad de Felix y el futuro que le espera, y se convierte en el refugio que Mendelssohn necesita ante los frecuentes ataques de ira de su padre. El 25 de octubre de 1818, Felix actúa por primera vez en público. Contaba con nueve años y toca el piano en un trío.
Este mismo año, y por mediación de su padre, conoce a Karl María von Weber, quien tanta importancia tuvo en el planteamiento artístico de su carrera.