El mundo está de cabeza. Eso dijo mi abuelita cuando escuchó lo que supuestamente había hecho Michael Jackson, tanta locura decía, operaciones, aberraciones…
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Sin embargo, no podía evitar mover el pie de la silla mecedora cuando escuchaba Billy Jean.
Centroamérica está vuelta atrás dijeron todos, ciudadanos y ciudadanas del mundo, Naciones Unidas, presidentes americanos, ante el golpe de estado en Honduras, una prueba más de arbitrariedad, de falta de memoria histórica, de que a veces somos como el cangrejo…
El box está de luto dijeron en la radio está mañana, el nicaragí¼ense Alexis Arguello, campeón mundial de boxeo, apareció muerto y yo sentí tristeza.
Las cédulas son historia, dijeron los del Renap, y un amigo fue a poner denuncia de robo de la misma, para poder guardar ese viejo cartón amarillento como reliquia.
El Pescado Ruiz se fue a jugar a México y yo que viajé a Paraguay para visitarlo.
Las calles se congestionaron de nuevo, dijo Amílcar Montejo, y los niños y niñas con pereza tuvieron que madrugar para regresar a la escuela.
El Presidente dio su visto bueno para que los archivos de la extinta Policía Nacional estén disponibles, pero sectores de la Sociedad Civil denunciaron manipulación por parte del Procurador de Derechos Humanos, de algunos documentos.
Tantas cosas pasaron en estos días, lluvias destructoras, manifestaciones masivas, celebraciones absurdas, muertes inesperadas, que pegan, no sé por qué, pero algo tocan.
El mundo está de cabeza, no hay vuelta de hoja. La gente sigue viviendo y muriendo con y por desnutrición, principalmente en Guatemala. Acá también se incrementan cada vez más las denuncias por violencia intrafamiliar, y cada vez más se evidencia el malísimo sistema de justicia que no condena, no protege, no sirve. Los casos de gripe AH1N1 aumentan y, a diferencia de otros países del continente, acá no tienen información en la calle y en los buses, no usan mascarillas ni analizan a quienes llegan al aeropuerto. En este país mueren aproximadamente 20 personas diariamente por la violencia, como en Colombia, sólo que allá hay 26 millones más de habitantes. El mundo está de cabeza, las cosas suceden al revés, los paparazis lucran con el dolor de otros y pese a todo lo feo, lo sucio, lo triste, lo absurdo, el niño que vendía chicles en la calle me sonrió tan dulcemente, que creo que todo va a ser mejor y que la vida es bella.