El presidente Colom dijo en su momento que la ley de Comisiones de Postulación era una ley sin dientes y que por eso no la apoyaba. Cuando se vino el vendaval del caso Rosenberg, el mandatario y el Presidente del Congreso súbitamente vieron la oportunidad de ponerle dientes a la ley y, de paso, bajar la intensidad de la presión pública, por lo que la referida norma fue aprobada por la mayoría de diputados que se rindieron ante la presión de los sectores sociales.
Pero era obvio que los dinosaurios no iban a desaparecer por decreto y lo estamos viendo con la forma en que se procede para presentar recursos legales en contra de la ley. El primer caso fue el de los Rectores de las Universidades, bajo el liderazgo nada más y nada menos que del Rector Magnífico de la Universidad de San Carlos de Guatemala, quienes lograron que la Corte de Constitucionalidad (parte también del problema de la justicia en Guatemala y que tiene entre sus miembros a tenebrosos ex magistrados de la Corte anterior), les diera el aval para volarle los colmillos y dejarla ya desdentada.
Un grupo de abogadas que supuestamente actúa en nombre propio presentó otro recurso contra la ley para permitir el compadrazgo en la postulación, aspecto que había sido legislado por la norma que presentó la diputada Montenegro y que fue apoyada por la sociedad en su conjunto.
La verdad es que no existe mucha esperanza de que pueda resolverse el problema central de un país que, como dijo el señor Castresana, tiene el serio problema de que es como un partido de futbol en el que no hay árbitros. Por ello es que aquí en todos los campos se valen las patadas, zancadillas, codazos y agresiones alevosas, porque nadie se encarga de poner orden, no digamos de mostrar tarjeta amarilla o roja a los infractores, a los que abusan de su condición y juegan contra el respeto a las más elementales reglas.
El problema de nuestros países es de tal magnitud que se producen enredos como el de Honduras, porque como nadie respeta leyes ni reglas y como las instituciones sirven al mejor postor, el manotazo se convierte en una tentación permanente. Igual como la gente termina haciendo justicia por propia mano, los políticos lo hacen con sus instituciones y embrollan a sus países con acciones deleznables de uno y otro lado.
Hasta que la ira popular se manifieste y mande al chorizo a los maniobreros que se burlan de la ley con recursos frívolos que son aceptados, estos pueblos estarán condenados a vivir situaciones tragicómicas como las que mostramos a cada rato.