Es la pregunta obligada del millón. Todo el diario acontecer negativo lleva una dirección de pronóstico reservado. Dicha sumatoria contiene indicadores críticos, a decir verdad, en el escenario nacional. Como con pasos de animal grande. Parafraseando a Tito Monterroso: «cuando desperté, el dinosaurio aún estaba allí…»
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Y si lo anterior fuese poco, en el exterior existe una visión en extremo del país, a punto que hay referentes de posicionamiento en el sentido de ocupar primeros lugares mundiales negativos. Eso mueve a preocupación, por cuanto nos consideran en picada lamentablemente. La modificación aludida representa, sin duda, tareas de romanos.
A ritmo acelerado marchan las cosas, a semejanza de un motor invisible de alto potencial, sin freno, tampoco a un plazo en ascenso que tiene los días contados. Harto difícil viene a ser la ingrata tarjeta de presentación, si acaso aun creemos pueda sobrevenir la variación deseable cuanto antes en beneficio del crédito anhelado.
En la actualidad, lejos de asumir un papel de pesimismo a ultranza, doblega de inmediato cualquier asomo de optimismo el marco situacional. La frecuencia y permanencia de situaciones adversas conforman a ojos vista la imagen decadente. Causas varias, tanto de procedencia endógena como exógena son responsables de tal calamidad.
Usted, amable lector, al igual que yo, tenemos la certeza que vientos de fronda azotan el panorama inflexible. Hechos uno tras otro se disputan el espacio en el ambiente acongojado que generan pensamientos oscuros, tensión al borde del pánico. Hemos tocado fondo por obra de las fuerzas del mal, dispuestas a mantenernos lejanos de recapacitar.
Sin embargo, a pesar de los pesares, toda vez existan cambios conductuales de parte de la población, todavía puede haber posicionamiento debido y correcto. Enderezar el rumbo, equivalente a entuertos, con ahínco y buena voluntad constituye la tarea general. Por cierto implica esfuerzos tesoneros, a título de algo urgente y necesario.
De ninguna manera esto es lo mismo que pedir peras al olmo. En las interioridades individuales hay aunque en posición oculta talvez un espíritu de auténticos guatemaltecos, amantes de su patria. Decididos a rescatar la dignidad, el honor, los derechos, la vergí¼enza y restantes aspectos conculcados. Pende entonces levantar el espíritu.
Como quiera que sea, debo exponer antes de continuar adelante, el caso concreto. A propósito del título que sirve de encabezamiento a los presentes renglones, amerita el hecho de hacer una transposición de términos. En otro orden de ideas la verdadera interrogante en cuestión tiene que ser así: ¿Adónde te llevan, Guatemala?
En el papel ingrato de ser malos guatemaltecos, unos, y otros también como foráneos, unen fuerzas negativas y criminales donde quiera, en deterioro inmediato del momento. El destino incierto tiene repercusiones tremendas, responsables de tantos hechos inductores de luto, lágrimas, orfandad, viudez y un sinnúmero de etcéteras patéticos.
No importa a ellos el desbarajuste, por el contrario conviene a sus planes sembrar el odio, la descomposición social y el triste divisionismo actual. Obviamente llevan a Guatemala por derroteros indeseables, mediante cizaña y restantes fórmulas que generan ruina, descalabro y un destino cruel, en contra de elementales principios y valores.
Tan indigno y cruel posicionamiento es hora ya que llegue a su final, por el bienestar social, aspiración de todo connacional con sentimientos auténticos de nacionalismo. Contra viento y marea es puntual adoptar el reencuentro con nuestro país, fuente colectiva de esperanza y fe en la mejor suerte del terruño a quien debemos tanto.