«En el plan de consumo que estamos diseñando en términos de alimentación, el estimado está en el orden de las 3.100 kilocalorías, cuando la recomendación diaria es de 2.400», dijo Murillo, también vicepresidente del Gobierno, al diario Juventud Rebelde.
Admitió que «con independencia de esta y otras garantías, inevitablemente se van a sentir las restricciones en el consumo».
Todos los cubanos reciben una canasta básica de alimentos a precios subsidiados, que son vendidos mediante una Libreta de Abastecimientos, y que incluye pequeñas cantidades de pollo, pescado, granos, grasas, pastas, sal, azúcar, entre otros productos.
Según opinan los cubanos, esos alimentos no alcanzan, pero también admiten que sin ellos su economía doméstica quebraría por los altos precios de los productos vendidos en forma liberada.
Datos oficiales señalan que el 80% de los productos son importados, pues Cuba gasta más de 2.800 millones de dólares anuales en compra de comestibles, en mercados como Estados Unidos, Europa y Asia.
Murillo señaló que la factura de alimentos nacional es todavía «muy grande» en insistió en la necesidad de impulsar producciones locales para reducir importaciones.
«Si producimos arroz estamos aliviando la factura de importación de este producto, y esto a veces constituye la mejor exportación. Esta misma ganancia la tenemos con el ahorro de electricidad; el sobregiro en este consumo implica más combustible».
Las autoridades achacan sus actuales problemas financieros a la crisis internacional, pero académicos locales añaden problemas estructurales en su economía.
El Gobierno dictó fuertes medidas restrictivas que entraron en vigor el día 1 de este mes para cortar un sobre consumo de electricidad y el desembolso adicional de recursos, fuera del alcance de las arcas estatales, contraídas por la reducción de los precios del níquel y del turismo.
También se han aplicado fuertes reducciones en los planes de inversión, transporte y la construcción de viviendas.
La población de Cuba, de 11,2 millones de habitantes, decrecerá hacia 2025 en más de 100 mil personas debido a su acelerado envejecimiento y la contracción de la fecundidad, según una proyección de un instituto local, avalado por la CEPAL.
«Entre el 2008 y el 2025 (la población) descenderá en poco más de 100.000 personas, mientras las proyecciones para el venidero 2032 ubican el número de habitantes por debajo de los 11 millones», señaló el estudio, realizado a finales del año pasado por expertos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y del Centro de Estudios de Población de la isla, divulgado en el diario Granma.
La investigación reveló que al cierre del 2008 la población cubana era de «11.236.400 de personas (50,1% hombres; 49,9% mujeres)» y «se estima sea en 2025 de 11.134.700», con una proporción entre sexos «prácticamente igualada».
Según el estudio, dentro de 16 años los cubanos «de 60 años y más pasarán de 1,9 millones a poco más de 2,9, es decir, un incremento de un millón en casi dos décadas» y «el grupo de la llamada tercera edad se elevará así al 26%, cifra que situará al país como el más envejecido de América Latina».
Los expertos destacaron que «los cambios en la dinámica demográfica no solo se registran en el volumen de población, sino en su composición (distribución por sexo y por edades), lo cual incide significativamente en la estructura de los servicios, la economía», y «en el funcionamiento y composición de la familia».
Asimismo, consideraron «una consecuencia del desarrollo social alcanzado el hecho de que desde hace más de 30 años la fecundidad no garantice el reemplazo generacional».
El Parlamento cubano aprobó en diciembre pasado una nueva ley que prolonga en cinco años la edad de jubilación (de 60 a 65 años los hombres, de 55 a 60 las mujeres), en busca de aumentar la fuerza laboral ante el envejecimiento de la población y la baja productividad.