¿Cuál es la causa de tantos apagones?


En los hogares, en las oficinas públicas y privadas, en los hoteles, en los centros comerciales y fabriles, en los medios de comunicación, etcétera, hay problemas atribuibles a los frecuentes apagones.

Marco Tulio Trejo Paiz

Esos «parpadeos» de la electricidad duran varios segundos, minutos y horas enteras, con lo cual se ocasionan muchas molestias, desperfectos a los aparatos electro-domésticos y otros daños en perjuicio de la economí­a de los usuarios.

Algunas de las personas damnificadas promueven las gestiones pertinentes ante la «Nana K-Lista», pero los resultados siempre o casi siempre son infructuosos.

Por lo regular, la licenciada Marielos de Villatoro, titular de una de las dependencias que reciben los reclamos, atiende cortésmente al público afectado por los apagones. Amablemente escucha las quejas, pero en otras oficinas se enreda todo y… ¡santos en «pax»! ¡Qué indemnización ni qué nada!…

Hay ilusos que presentan quejas ante los señores que manejan el ente conocido como DIACO, pero las peticiones duermen el sueño de los justos y, como para no salirse de lo ordinario, de la costumbre, también las resoluciones son negativas?

Serí­amos injustos si culpásemos de lo que sucede con la energí­a sólo a la Empresa Eléctrica de Guatemala, Sociedad Anónima que, ahora, dicho como entre paréntesis, está siendo explotada desde hace más de una decena de años por capitalistas de otros lares?

La Nana K-Lista debe informar a los millones de consumidores de la fuerza motriz el porqué de tantos apagones que dejan no sólo a oscuras a la gente, sino a la vez con aparatos dañados, reparables e irreparables.

En la casa que habitamos casi fueron inutilizados, a mediados del año pasado, un refrigerador que hací­a poco habí­amos adquirido y un reloj eléctrico (luminoso), a consecuencia de una serie de apagones que se produjeron, pero no tuvimos la suerte de que los repusiese o los mandase a reparar la infalible Nana? Se nos exigí­an datos que nadie estarí­a en condiciones de proporcionar o precisar. Por ejemplo, se nos pidió que explicáramos el dí­a o los dí­as, la fecha o las fechas y las horas en que se registraron los apagones. ¡Bonito requilorio!

Imagí­nese usted, estimado lector, cómo va un usuario del servicio eléctrico a tomar nota de eso que exige la referida compañí­a si uno está atendiendo asuntos que no le permiten anotar los datos que se requieren, ora si está en los brazos de Morfeo después de una dura jornada de trabajo o simplemente haciendo la siesta, o bien si se encuentra ausente del «nido».

La nada bambarria Nana K-Lista se hizo la loca en cuanto a lo que le solicitamos con el derecho que nos asiste, sin pretensiones -conste- propias de los que tratan de sacar raja, como se dice corrientemente, a la o las oportunidades.

Lo que nos hizo fruncir el ceño de extrañeza (no de mal talante) fue que el ente en mención nos explicó a la vez que en la ocasión en que nos «obsequió» sus apagones en serie no hubo problemas en tal sentido, según las «investigaciones» ¿?? de un miembro de su personal técnico?, quien se supone que ha de tener, además de buen salario, dotes privilegiadas para dictaminar sin apartarse de su escritorio, en vez de haber visitado siquiera unos minutos a cualesquier vecinos la colonia donde existe nuestra humanidad, a fin de indagarse, así­, de la realidad de lo ocurrido.

Bueno, dejemos atrás, muy atrás, la breve como «triste» historia de lo que nos provocó considerable desembolso. Lo que nos interesa (y que debe de interesar asimismo a la multimillonaria masa de usuarios de la energí­a eléctrica) es saber a ciencia cierta cómo se originan estos dí­as de «duro cierzo invernal» los apagones que con mucha frecuencia están causando muchas molestias y serios perjuicios a todos los usuarios.

¿Será que algunas descargas electro-atmosféricas son las «responsables» de los problemas en cuestión? ¿O no andan bien las respectivas instalaciones de la Empresa Eléctrica de Guatemala, S.A.?

Ojalá que la DIACO se preocupe de la situación y hago algo, aunque sea algo, en defensa y beneficio de los frecuentemente perjudicados usuarios. ¡Facta, non verba!