Hoy desperté sin ganas de levantarme. Acatarrado. Y es lunes, para ajuste de penas. No me exprimiré los sesos para escribir un artículo circunspecto, sino que compartiré con ustedes mensajes que arribaron a mi buzón electrónico.
eduardo@villatoro.com
Q- Era otoño, y los indios de una remota reserva norteamericana preguntaron a su nuevo jefe si el próximo invierno seria muy frío. Como era un jefe indio en una sociedad moderna, no había aprendido los viejos secretos de sus antepasados, de modo que les contestó afirmativamente y que deberían recolectar leña para estar preparados.
Pero como también era un líder práctico, llamó a la agencia local del Servicio Nacional de Meteorología (SNM) y preguntó: -¿El próximo invierno será muy frío? Le dijeron que sí. El jefe ordenó que juntaran más leña.
Una semana más tarde volvió a llamar al SNM, hizo la misma pregunta y le respondieron que el invierno iba ser muy frío El jefe ordenó que se recolectara más leña. Dos semanas después, para estar seguro de lo que estaba haciendo, volvió a llamar al SNM: -¿Están ustedes seguros de que el invierno será muy frío? -Va ser uno de los inviernos más fríos; le dijeron. -¿Pero cómo pueden estar tan seguros? La respuesta fue categórica: -¡Porque los indios andan arrebatados en la montaña juntando montones de leña!
Q- Un padre judío había enviado a su hijo al colegio más caro de la comunidad israelita de la ciudad en la que con su familia se habían instalado, pero Samuel no daba pie con bola, con calificaciones muy bajas, sin ganar una sola materia, aunque lo más grave es que en conducta sacó cero.
Esas calificaciones se repetían mes a mes, hasta que, hastiado, el padre del chico le advirtió: -Samuel, si el próximo mes tus calificaciones y tu comportamiento no mejoran te mandaré a estudiar a un colegio católico. Como las notas del chico fueron más bajas aún, el padre inscribió a Samuel a un buen colegio católico. Cuando el papá recibió las notas del primer mes, quedó asombradísimo, porque su hijo no bajaba de 80 puntos en cada materia y su conducta era intachable.
El siguiente mes, las calificaciones mejoraron. El padre de Samuel, intrigado, le preguntó a su hijo qué había ocurrido. El chico respondió: -Cuando llegué a ese colegio me presentaron a todos los compañeros y a todos los profesores. Luego, una tarde fuimos todos al templo que está en el colegio. Cuando entré vi a un hombre crucificado, con clavos en las manos y en los pies, con el rostro dando muestras de haber sufrido mucho, y todo ensangrentado. Pregunté quién era y el alumno de un grado superior al mío me respondió: -í‰l era un judío igual que tú. Entonces me dije: «-Samuelito…a estudiar y a portarse bien, que aquí no se andan con babosadas».