SANTORAL



Juliana de Falconieri

Ayunaba tres dí­as por semana, y a veces pasaba dí­as sin comer bocado (sobre todo cuando se dedicaba a altí­simas oraciones). Esto hizo que se enfermara muy gravemente del estómago (úlcera quizás). Los viernes los dedicaba a meditar en la Pasión y Muerte de Jesucristo. Los sábados a pensar y leer acerca de la Santí­sima Virgen. Muchas veces dormí­a sobre el duro suelo. Se propuso hacer los oficios más humildes de la casa, y tratar a cada una de sus compañeras como si fuera muy superior a ella.

Los que tuvieron que tratar con ella estuvieron de acuerdo en que su caridad, su amabilidad y su inclinación a buscar el bien de las almas de los demás, eran extraordinarias. La gente gozaba al recibir las demostraciones de su afectuosa bondad. Nunca dejaba escapar una oportunidad de ayudar a los que necesitaban de su colaboración.