¿Realidad o estratagema?


Cuando vemos la forma en que se comportan algunos funcionarios en el manejo de los recursos del Estado, tiene que producirse una duda razonable respecto a la forma en que nos van trasladando información. Ahora ha trascendido que el Gobierno ha realizado compras de Tamiflú, el tratamiento especí­fico para la Gripe A H1N1, a la empresa J.I. Cohen de la que es socio uno de los más influyentes funcionarios del Gobierno y que fue puntal del financiamiento de la UNE.


Siempre hemos criticado la forma en que los financistas de campaña se aprovechan posteriormente de la influencia ganada a cambio del apoyo con recursos a un candidato, puesto que se obliga a la población a pagar con creces la inversión que hicieron. De los recursos públicos provienen todos los grandes negocios que se hacen y por ello es que urge legislar para impedir que se produzca ese terrible tráfico de influencias.

Ahora mismo no sabemos si la información que traslada el Ministerio de Salud Pública respecto a la situación de la gripe es una realidad o simplemente una estratagema más para justificar los gastos que hacen para ayudar a sus financistas. Y no ayuda mucho la actitud misma del ministro del ramo, quien lejos de dar explicaciones técnicas y concretas, especula y hace señalamientos que más parecen apuntar a un deseo de revigorizar el enfrentamiento de clases, cuando afirma que es la gente pudiente la que está trayendo el virus que afecta a los más pobres.

Las percepciones, repetimos por enésima vez, son fundamentales en polí­tica y este gobierno tiene poco interés en el asunto y lejos de guardar apariencias, se encarga de demostrar con hechos que se pasa por el arco del triunfo el criterio de la opinión pública. Lo hizo desde que nombró para puestos cruciales a quienes fueron sus financistas y sus empresas siguen ahora siendo grandes contratistas del Estado. Lo hace cuando el Presidente viaja sin rubor alguno en aviones de empresas que pueden beneficiarse de favores especiales, como ocurre con el gas propano.

En resumidas cuentas, los ciudadanos no sabemos a qué atenernos ni qué creer a los funcionarios públicos porque existe la clara percepción de que éstos están trabajando más para beneficio de las empresas que apoyaron la campaña que para beneficio del paí­s. Si la OPS iba a comprar las dosis de Tamiflú, no habí­a necesidad de hacer la compra a la empresa farmacéutica ampliamente señalada por ser una de las que se beneficia de la influencia que el señor Alejos tiene en la cúpula que gobierna al paí­s.