Hoy hace 55 años


En la madrugada del 17 de junio de 1954, una «columna» de no más de 64 hombres del llamado Ejército de Liberación, «comandado» desde Honduras por Carlos Castillo Armas, ingresó al territorio nacional al mando de Guillermo Flores Avendaño.

Ricardo Rosales Román
rosalesroman.cgs@gmail.com

Comenzaban así­ las «acciones militares» contra el gobierno del presidente Jacobo Arbenz Guzmán, y que culminaron con su renuncia el 27 de junio y la instalación del efí­mero gobierno de Carlos Enrique Dí­az quien, al dí­a siguiente y por órdenes del embajador estadounidense en Guatemala, John D. Peurifoy, se vio conminado a integrarse a la Junta Militar al lado de José íngel Sánchez y í‰lfego H. Monzón.

A continuación, voy a referir lo que me consta y recuerdo de los meses que precedieron a la invasión mercenaria y durante los diez dí­as de «acciones militares» en el oriente del paí­s.

En enero de 1954 ingresé a la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac). Pasé a formar parte del Frente Universitario Democrático (FUD) y continué siendo integrante de la Alianza de la Juventud Democrática Guatemalteca (AJDG).

La Facultad de Derecho era uno de los reductos del Comité de Estudiantes Universitarios

En una reunión a la que asistimos varios cuadros y activistas estudiantiles de la facultad y que se realizó a altas horas de la noche en la sede del Partido Guatemalteco del Trabajo, PGT (entonces en la legalidad), se nos informó al respecto y sobre la situación nacional e internacional. A lo nacional se refirió el Secretario General del CC del Partido, compañero Bernardo Alvarado Monzón. La situación internacional la abordó Severo Martí­nez del Cristo, quien en aquel momento estaba en el paí­s. Era dirigente del Partido Socialista Popular (PSP) de Cuba.

Entre las conclusiones a que se arribó recuerdo, entre otras, fortalecer y ampliar las medidas de organización, movilización y defensa de la Revolución; reforzar la seguridad, disciplina y vigilancia revolucionaria; denunciar por todos los medios la intervención estadounidense, y dar a conocer las acciones de solidaridad con la Revolución Guatemalteca en distintos paí­ses y partes del mundo.

Se nos habló de los resultados de la X Conferencia Interamericana de la OEA durante la que se avaló y autorizó multilateralmente la intervención estadounidense al paí­s, y cuya resolución contó con el apoyo de la mayorí­a de gobiernos de entonces, la abstención del de Argentina y el de México, y el voto en contra de la delegación guatemalteca. En la reunión se acordó dar a conocer el histórico discurso de Caracas pronunciado por el Canciller Guillermo Toriello, y explicarlo en centros de trabajo y estudio y en los barrios.

En aquellos dí­as, los integrantes del FUD participamos en las brigadas juveniles y estudiantiles de Defensa de la Revolución. Se nos dio «instrucción militar» en la Base Militar de La Aurora, y durante las noches tení­amos asignados turnos de vigilancia. A ello y al «entrenamiento militar», el cuadro real en el campo de batalla, la conspiración castrense, y a lo que en mi comité de base se decidió que me corresponderí­a hacer a partir de la renuncia de Arbenz, me referiré más adelante.

Por hoy y para terminar, es oportuno traer a cuenta la caracterización de la naturaleza de la Revolución Guatemalteca hecha por el presidente Arbenz. En entrevista concedida a su llegada a México como exilado polí­tico al entonces periodista de la Revista Bohemia, Raúl Roa, le dijo que se trató de una revolución antifeudal, democrática y antiimperialista que, en lo nacional, se propuso «abolir la servidumbre mediante una reforma capitalista del régimen agrario de propiedad, elevar las condiciones generales de vida, crear un amplio mercado interno con vistas al desarrollo industrial, rescatar el suelo, el subsuelo y los servicios públicos, democratizar efectivamente la estructura del Estado, codificar las relaciones entre el capital y el trabajo, velar por la salud pública, extirpar el analfabetismo, difundir la cultura y transformar la mentalidad popular en consonancia con las necesidades, intereses y responsabilidades de la Nueva Guatemala».

En lo internacional resumió su propósito diciéndole a quien años después serí­a Canciller de la Revolución Cubana, el Canciller de la Dignidad, que «fue mantener incólume la soberaní­a nacional y respetar los derechos de los demás pueblos a fin de ser respetados por ellos».