Tanto las autoridades como los grupos de presión analizan desde su particular perspectiva el impacto de la crisis económica y hacen énfasis en la forma en que salen afectados sus propios intereses. Así vemos que el Gobierno presiona para elevar los ingresos fiscales porque la baja en la recaudación le obligará no sólo a disminuir la inversión, sino seguramente también afectará el funcionamiento mismo del Estado, mientras que los grupos con acceso a los medios de comunicación generalmente se ocupan del alto costo de la vida y de la reducción necesaria en la adquisición de algunos bienes de consumo.
Sin embargo, el tema de fondo de la crisis tiene que ser el efecto que tiene en los sectores más vulnerables de la población, puesto que ya los organismos internacionales han dicho que desafortunadamente los niveles de pobreza aumentarán como resultado de esa conjugación de factores que al final de cuentas castiga más a quienes menos tienen.
En efecto, la reducción del gasto público duele y afecta a los funcionarios, pero más que nada tiene efecto en la población que ve reducida la posibilidad de que existan programas para mitigar su condición de pobreza y de otros que en años recientes han servido para que pequeños grupos, pero importantes al fin de cuentas, abandonen la condición de pobreza o de pobreza extrema para mejorar mínimamente en la escala socioeconómica.
Cuando leemos noticias sobre la baja de ingresos fiscales, pero más grave aún, la baja de ingresos por turismo y los ingresos de las remesas familiares, tenemos que entender que el daño se hace de manera directa a mucha gente que vive en Guatemala en niveles de pura subsistencia porque ni tienen capacidad de ahorro ni de llenar plenamente las necesidades básicas de una familia. Obviamente esa disminución del flujo de divisas es muy importante y se refleja en la reducción de la actividad económica que es, al final de cuentas, lo que más ha pesado para que el fisco vaya quedando con las arcas vacías.
Creemos que el Gobierno tiene la obligación de hacer ajustes, pero velando fundamentalmente por mantener los programas de inversión social porque si bien los funcionarios y otros sectores afortunados verán afectada su actividad normal, en el fondo es la gente pobre la que más sufre y a la que nos debemos todos para mitigar el impacto de la crisis.
No entenderlo así es continuar con la política totalmente equivocada que en materia económica ha mantenido el Gobierno desde que se vislumbró la crisis mundial pues torpes funcionarios se aferraron a la idea de que nuestra economía estaba blindada y que nada nos afectaría.