La clase media, las familias pudientes invierten en nuestro país elevadas sumas en los miles de colegios y universidades privadas para dotar a sus hijos y familiares de una mejor educación que la que puede ofrecer el Estado.
jfrlguate@yahoo.com
Lo que no se han puesto a considerar y analizar es si la infraestructura preventiva, los planes de emergencia que existen en las instituciones escolares particulares son adecuadas.
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¿Cuántos establecimientos particulares poseen una enfermería dotada de médicos, personal paramédico, equipos de emergencia y medicamentos adecuados y suficientes para atender los cientos de casos que se producen en los educandos?
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¿Cuántos de esos centros educativos tienen un sistema de información, de fichas de salud de cada uno de los educandos que pueda ser consultado en forma expedita e inmediata si un niño se ve envuelto en un accidente o presenta un caso de enfermedad en las horas de escolaridad?
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¿Cuántos establecimientos invierten parte de los recursos que pagan los padres en un seguro médico que incluya la asistencia inmediata de traslado de los niños hacia los hospitales privados o públicos?
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El Ministerio de Salud y ante todo el Ministerio de Educación deberían de establecer las normas obligatorias dependiendo del número de alumnos, de las distancias que existan entre los centros escolares y los hospitales a los que estén afiliados los mismos, para así lograr las normas mínimas que prevengan y salvaguarden la vida de los niños y niñas.
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Guatemala y Centroamérica están localizados sobre diferentes placas tectónicas y por consiguiente, todos los colegios y centros de educación públicos deberían de tener planes y ejercicios que permitieran la rápida evacuación de las aulas en caso de un desastre natural.
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Varios establecimientos están construidos con materiales inflamables y nada impide que un corto circuito o un accidente en un laboratorio puedan producir un incendio. Cuentan con el material adecuado para controlar las llamas o tienen planes al respecto.
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Ante la nueva gripe, ante la eventualidad de movimientos telúricos como los que han acontecido en Honduras y la costa atlántica guatemalteca, ante la necesidad de prever, los ministerios de Educación y Salud deben reglamentar para que los institutos de educación privada y pública establezcan enfermerías dotadas de personal médico, paramédico, equipos de emergencia y botiquines adecuados que les permitan atender preventiva y curativamente en los primeros momentos de una necesidad a sus educandos.
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Los ministerios de Salud y Educación, inclusive el IGSS, deberían de inspeccionar y certificar trimestralmente como mínimo, en todos estos centros educativos, los servicios sanitarios, el sistema de agua potable, las enfermerías, los planes y ejercicios de evacuación en caso de un siniestro.
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Recordémonos que las medidas preventivas que favorezcan a los niños y niñas que integran nuestra sociedad no pueden ser postergados, no pueden ser descuidados y que la prevención es la mejor manera de evitar una tragedia, un siniestro que enlute a la sociedad guatemalteca.
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El velar, el prever, el invertir, el reducir todos los riesgos en los centros donde se concentra el futuro de la sociedad guatemalteca es algo en lo que no podemos escatimar y de la misma forma que ante la gripe se ha decidido cerrar establecimientos y anticipar vacaciones, las autoridades de gobierno deberán de invertir todos los esfuerzos que requiera el actualizar las medidas preventivas que le den a los padres seguridad y tranquilidad con respecto a sus hijos.