Ahmadinejad reelecto Presidente


Una motocicleta de la policí­a iraní­ se quema, como parte de las protestas en reacción al anuncio de la reelección de Mahmud Ahmadinejad como presidente. FOTO LA HORA: AFP BEHROUZ MEHRI

El ultraconservador Mahmud Ahmadinejad fue reelecto por abrumadora mayorí­a de votos presidente de Irán, según datos oficiales divulgados hoy pero rechazados por su principal rival, Mir Hosein Musavi, cuyos partidarios protagonizaban reyertas con la policí­a en Teherán.


El guí­a supremo y número uno del régimen islámico, el ayatola Ali Jamenei, quien habí­a manifestado en forma indirecta su apoyo a Ahmadinejad, dijo que la reelección de este último por un nuevo mandato de cuatro años era «una verdadera fiesta» y calificó a los comicios de «éxito masivo».

Musavi, un ex primer ministro de cuño conservador moderado, denunció en cambio «claras y numerosas irregularidades» que ponen a Irán, según dijo, frente a un «panorama peligroso».

Miles de partidarios de Musavi desfilaron por el centro de la capital y en varios barrios se enfrentaron a la policí­a, de acuerdo con testigos.

En los comicios de ayer, Ahmadinejad, de 52 años, obtuvo el 62,63% de los 39.165.191 votos emitidos, frente al 33,75% para Musavi, anunció hoy el ministro del Interior, Sadegh Mahsuli.

El conservador Mohsen Rezai tuvo un 1,73% y el reformador Mehdi Karubi 0,85%. Este último también denunció esos resultados como «ilegí­timos» e «inaceptables».

Las elecciones tuvieron una participación récord, del 85% de los empadronados.

El ministerio del Interior no señaló ninguna irregularidad.

Musavi denunció sin embargo irregularidades «claras y numerosas» y afirmó que era su «deber religioso y nacional revelar los secretos de ese proceso peligroso y explicar sus consecuencias destructivas para el destino del paí­s».

El ex primer ministro pidió a sus partidarios reaccionar con calma. «La gente es consciente y no se someterá a quienes llegan al poder haciendo trampas», declaró.

La policí­a habí­a prohibido toda congregación de partidarios de un candidato tras el fin de los comicios, pero varios miles de leales a Musavi se reunieron en el centro de Teherán gritando consignas hostiles al gobierno.

«Â¡Abajo el dictador!», «Â¡Abajo el gobierno golpista»!, gritaban los encolerizados manifestantes en la plaza Vanak.

La reelección de Ahmadinejad conducirá a «un incremento de la represión de los opositores» y al «aumento de los esfuerzos para dotarse de la bomba atómica», denunció hoy el Consejo Nacional de la Resistencia Iraní­ (CNRI, oposición) en un comunicado.

El principal movimiento de oposición iraní­ también acusó al poder de haber inflado las cifras de participación «en cuatro o cinco veces» y afirmó que «más de 85% de los iraní­es boicotearon el espectáculo electoral de los mulás (dignatarios religiosos islámicos)».

El asesor de prensa de Ahmadinejad, Ali Akbar Javanfekr, sostuvo en cambio que la reelección refuerza la posición del jefe de Estado, lo que le permitirá una lucha seria e inmediata contra la corrupción en el seno de las

instituciones.

El mandato de Ahmadijenad estuvo marcado por un constante incremento de la tensión con los paí­ses occidentales, por sus presuntas intenciones de dotar a la República Islámica con el arma atómica y sus diatribas contra Israel.

La expectativa creada por una posible derrota de Ahmadinejad llevó ayer al presidente estadounidense, Barack Obama, a afirmar que un «cambio es posible» en Irán.

El vicecanciller israelí­, Danny Ayalon, sostuvo hoy que «si todaví­a habí­a esperanzas de un cambio en Irán, la reelección de Ahmadinejad muestra que la amenaza iraní­ es mucho más grave».

SEMBLANZA Controvertido


El presidente saliente Mahmud Ahmadinejad, que hoy ganó por abrumadora mayorí­a la elección presidencial en Irán, genera temor en Occidente por su polí­tica nuclear y sus controvertidas declaraciones, y polémicas a nivel interno por sus medidas populistas.

Mahmud Ahmadinejad fue reelecto con el 62,63% de los votos en los comicios de ayer, anunció hoy el ministro del Interior, Sadegh Mahsuli.

Ahmadinejad obtuvo 24.527.516 votos de un total de 39.165.191 papeletas, 409.389 de las cuales fueron invalidadas.

Su principal adversario, el ex primer ministro conservador moderado Mir Hosein Musavi, logró 13.216.411 votos (33,75%).

El conservador Mohsen Rezai tuvo 1,73% y el reformador Mehdi Karubi 0,85%, según la misma fuente. Este último afirmó que los resultados eran «ilegí­timos» e «inaceptables».

Musavi afirmó poco antes que los comicios estuvieron manchados por «claras y numerosas irregularidades» que poní­an a Irán frente a un «panorama peligroso».

La participación fue de 85%, «un récord», dijo Mahsuli.

Ahmadinejad, un ultraconservador que se presenta como defensor de los pobres y devoto del islam, ha provocado la indignación de las grandes potencias por su retórica agresiva.

Poco después de su inesperada victoria en 2005, ganó notoriedad mundial al afirmar que Israel está condenado a «desparecer del mapa» y que el Holocausto nazi es un «gran engaño».

Ahmadinejad comparó además el programa nuclear iraní­ a «un tren sin frenos y sin marcha atrás» y se niega a suspenderlo, pese a las presiones internacionales.

En Irán fue criticado por muchos economistas por su polí­tica de distribución masiva de petrodólares, que condujo a una fuerte inflación (23,6%), sin conseguir reducir el desempleo y la pobreza.

Ahmadinejad, de 52 años, está casado, y tiene dos hijos y una hija.

Este hijo de herrero nació en el pueblo de Aradan, a 90 km al sureste de Teherán, pero creció en Teherán, donde obtuvo un doctorado en gestión de transporte urbano.

En la revolución de 1979 -que derrocó al Sha de Irán y llevó al poder al ayatola Jomeini- Ahmadinejad se incorporó a los estudiantes islamistas de Teherán y luego a las filas de los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico del régimen.

Más tarde obtuvo su primer puesto polí­tico al convertirse en gobernador de la provincia de Ardebil (noroeste).

En 2003 llegó a la alcaldí­a de Teherán, un cargo que utilizó como trampolí­n para obtener la presidencia en junio de 2005.

En recientes debates televisivos, pulió su imagen de hombre de pueblo, al afirmar que viví­a sólo de su salario de profesor.

Su populismo sigue gustando, en especial en los medios populares urbanos y rurales.

Sus rivales lo califican de «imprevisible» a causa de su retórica agresiva, pero sus partidarios lo ven como un hombre «que ayuda a los pobres».

«Si hay dos personas en dificultades, Ahmadinejad ayudará antes al que esté peor», afirmó Mehdi Mahmudi, un joven habitante de Islamshahr, un suburbio de Teherán.

Estos últimos dí­as fue muy criticado por sus adversarios por haber puesto en duda, durante un debate televisivo, los diplomas de Zahra Rahnavard, la mujer de su principal rival, Mir Hosein Musavi.

«Fue un golpe bajo», estimó Nasim, un joven elector. Rahnavard amenazó por su parte con iniciar una demanda judicial.

Ahmadinejad instauró un nuevo estilo de gobierno al reunir a su consejo de ministros cada dos o tres semanas en ciudades de provincia, para «comprender mejor los problemas del pueblo».

En cuatro años recibió 20 millones de cartas con pedidos de ayuda y creó un servicio para responderlas una por una y apuntalar así­ el apoyo de su electorado popular.

Ahmadinejad es la segunda persona más poderosa de Irán después del guí­a supremo, el ayatolá Ali Jamenei.