La ignominia rebasa lo imaginable


El actual estado de cosas, referente a la ignominia que sobrepasa los lí­mites de lo imaginable, no tiene precedentes, ¡qué barbaridad! En cualquier momento y lugar suceden acciones en aumento del orden criminal, que motivan asombro, pesadumbre, dolor y lágrimas. La población en general está alarmada con justa razón.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Por cuanto la cadena interminable de crí­menes de lesa humanidad distan de investigación, mucho menos sean castigados. De consiguiente resulta obvia la presencia de la impunidad, en vez de una justicia pronta y cumplida, tras el debido proceso. Eso y mucho más causan al instante una situación enorme de tensión y psicosis.

Cuando es del dominio público la muerte de personas de diversa edad, condición social y económica, al igual que el envilecimiento con que actúan los asesinos, nadie puede vivir en paz. La constante recrudece y recibe señalamientos múltiples mediante diversas formas, directos a exigir un hasta aquí­, antes que sea demasiado tarde.

Bajeza en extremo viene a recalcar las circunstancias terribles con que accionan las hordas salvajes, dí­a a dí­a. El calendario pasa aprietos a fin de registrar al menos cada ilí­cito carente de castigo. Las pupilas, sentimientos del colectivo incapaces de ser insensibles, podemos decir con seguridad: yo he visto muchas lágrimas.

Son una afrenta, si no otro calificativo más certero expresar, en contra del derecho a la vida, la seguridad y paz, dichos sucesos sangrientos. El entorno conlleva a su paso un sinfí­n de circunstancias grabadas en detrimento de las familias que son ví­ctimas del oprobioso acontecer ausente del normal ritmo cotidiano, hoy fuera de serie.

Generan los sucesos en mención la deshonra pública, a niveles en verdad sin precedentes. Pero la descomposición social y su par la pérdida de valores humanos en picada lamentable, inducen como comentan analistas considerados autoridades en la materia, el descalabro actualmente en condición observable con suma facilidad.

Cada uno de los sucesos que parten el alma y hacen un nudo en la garganta, es imposible pasen en blanco. Tienen en resumen pinceladas amargas, dolientes hasta decir ya no, razón por la cual dejan impresiones a cuales más patéticas. Evidencias sin temor a deudas en caso terrible, una vez más. Empero tras uno ocurre otro más.

Todos, reitero, dan lugar a sentir zarpazos que dejan un saldo de pensamientos encaminados al por qué, tanto derramamiento de sangre. Las fuerzas del mal ensombrecen el panorama desde el amanecer hasta la nocturnidad, en desmedro de la cotidianidad sedienta de seguridad, paz, trabajo y tranquilidad, que andan ausentes.

Tiempo es ya que terminen estos dí­as sombrí­os, provocadores de luto dondequiera. Tiempo es ya que también concluyan los odios y acechanzas contra hermanos, urgidos de un estado de cosas diferentes, con respeto a la vida misma, el don más preciado que el Ser Supremo nos ha dado y que debemos acatar como justipreciar.

Es la ocasión precisa en homenaje a nuestra Guatemala irredenta se depongan tantos y tantos actos teñidos se sangre fraterna. Resulta oportuno pensar en un mañana distinto, de convivencia pací­fica, dispuestos a dignificar el deber de contribuir al desarrollo y mejoramiento de vida. Activos en ese sentido haremos mucho.

Empero, todo deviene de la aplicación de la justicia, garante de una situación deseable tiempos ha. A la medida que avance tan anhelante deseo multánime sobrevendrán dí­as prósperos, coherentes con el ritmo tranquilo de los dí­as en la búsqueda de un paí­s con justicia social, a la cabeza del bienestar que todos con razón deseamos.