Consciente, como estoy, de que a muy pocos de mis contadores lectores les agrada leer temas relacionados con el calentamiento global y asuntos colaterales, persisto en publicar artículos que, según yo, debieran despertar la conciencia de los guatemaltecos (y del resto del mundo), porque se trata de fenómenos que aparentemente no nos afectan con toda su crudeza a los adultos de esta época, pero sí repercutirán muy gravemente en el futuro de los bebés y niños de hoy, así como a su descendencia, si la humanidad no enfrenta con madurez el cambio climático.
eduardo@villatoro.com
  A sabiendas, entonces, que sólo unos cuantos lectores le echarán una ojeada a estas notas sobre el presente y el futuro de nuestro planeta, de todas maneras les compartiré a grandes rasgos, algunos resultados de investigaciones realizadas acerca de que los mares y océanos se están convirtiendo en vertederos de desechos sólidos, incluyendo las costas guatemaltecas en el Pacífico y el Caribe,
  El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y la organización Conservación Oceánica efectuaron un estudio en torno a la «Basura marina: un desafío mundial», habiendo llegado a sombrías conclusiones, tales como que, pese a varios esfuerzos internacionales y regionales para revertir la contaminación marítima, alarmantes cantidades de basura lanzadas al mar siguen poniendo en peligro la seguridad y la base de la población, amenazan a la flora y la fauna, dañan los equipos náuticos y distorsionan las áreas costeras del mundo, como el litoral del Pacífico de Guatemala.
  El científico Vikki Spruilt, presidente de Conservación Cósmica, señala que pese a que el océano es nuestro sistema de apoyo para la vida, porque provee gran parte del oxígeno que respiramos, los alimentos que comemos y el clima que necesitamos para sobrevivir, la basura que se arroja al mar amenaza nuestra salud, y el resultado es que los océanos están enfermos, como consecuencia de malsanas actividades humanas.
  Son, cabalmente, las actividades que realizamos en la tierra la mayor fuente de contaminación de los mares, incluyendo los vertederos en las riberas de los ríos, las aguas servidas municipales no tratadas (ambas, pésimas y nocivas realidades en Guatemala), las aguas de las inundaciones, los fluidos industriales, la basura de playas o áreas de recreación, el uso turístico o recreativo de las costas y otras causas más, mientras que las principales fuentes marinas de contaminación son las actividades de pesca y navegación, la extracción minera en alta mar, los desechos legales ilegales, los equipos de pesca abandonados o descartados y los desastres naturales.
  El informe del Pnuma contiene una compilación de los principales desechos encontrados entre 1989 y 2007, como los restos de cajetillas de cigarrillos, papeles y bolsas plásticas, de esas que usted echa en la basura, que encabezan la lista; pero el plástico y las botellas de polietileno son los tipos más persistentes de basura marina y representan el 80 % de todos los desechos recolectados en los mares.
  Aún es tiempo de accionar, siempre que todos contribuyamos, además de gobiernos y empresas privadas, participando usted, hombres y mujeres, niños y ancianos, con actos tan sencillos como no botar basura en las calles ni en las riberas de ríos y mares, y utilizando lo menos posibles bolsas plásticas, por ejemplo.
  (Romualdo Tishudo le dice a su mujer: -Hay que cambiar el agua de la pecera. Su cónyuge arguye: -¿Para qué? Si los peces no se la han acabado).