La Copa de las Confederaciones, que comienza mañana, será seguida desde dos aspectos, el deportivo, con España y Brasil vestidos de favoritos, y el organizativo, en que Sudáfrica tratará de disipar las dudas sobre su capacidad para ser la sede del Mundial-2010.
Que Brasil y España se pueden llevar el título de la Copa de las Confederaciones no es difícil, ya que el único que les podría hacer sombra es el campeón mundial Italia, mientras que respecto al buen desarrollo organizativo del evento hay más escepticismo.
Sudáfrica-Irak, en Johannesburgo (14h00 GMT) y España-Nueva Zelanda, en Rustenburgo (18h30), abrirán el torneo el domingo en el Grupo A, mientras que Brasil-Egipto y Estados Unidos-Italia se jugarán el lunes, en el marco de la llave B.
Si todo transcurre dentro de las previsiones, los clasificados a semifinales deberían ser España, Sudáfrica, Brasil e Italia.
Pero interés en el aspecto deportivo ha encontrado un serio competidor en saber cómo se desarrollará el torneo a nivel organizativo.
Sólo dos días antes del inicio de la Copa de las Confederaciones (14 al 28 de junio), en los alrededores del estadio Ellis Park, sede del partido inaugural, en Johannesburgo, había un gran trasiego para poder llegar a tiempo y tener todos los detalles finalizados. La lucha contra el reloj era evidente.
Sólo una semana antes del comienzo del evento, el comité organizador logró cerrar un contrato para contar con casi 1.200 guardias privados de seguridad para proteger los hoteles, estadios y campos de entrenamiento en que se moverán los invitados.
Resulta que la seguridad, con 18.000 homicidios y 200.000 violaciones al año, sigue siendo otra de las grandes preocupaciones. Un total de 10.000 policías velarán estos días para que no haya incidentes.
Los estadios y las líneas de transporte prometidas todavía no están finiquitados y los organizadores se tienen que enfrentar regularmente a amenazas de huelga en las construcciones.
De hecho, la Copa de las Confederaciones tenía en un principio cinco sedes, pero Port Elizabeth se tuvo que caer, debido a que no garantizaba que el estadio estuviera terminado a tiempo. Por ello, sólo se utilizan los cuatro que necesitaron menor número de trabajos.
Con este panorama, cualquier problema importante que apareciese durante la Copa de las Confederaciones haría que las dudas crecieran considerablemente sobra la capacidad de Sudáfrica para recibir el Mundial.
Debido a ello, Sudáfrica se juega mucho en esta Copa de las Confederaciones y su apuesta pasa por no dar la razón a los incrédulos.
Entre ellos no se encuentra el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, que sigue defendiendo a Sudáfrica, como lo lleva haciendo desde que el país presentó su primera candidatura para el Mundial-2006, que acabó llevándose Alemania.
«Hay 40 millones de habitantes, cada año vienen diez u once millones de turistas, han organizado competiciones y conferencias internacionales, no entiendo por qué se cuestiona su capacidad para el fútbol», señaló Blatter.