La afluencia era tal que una hora después de que este colegio electoral abriera sus puertas, el número de electores esperando su turno superaba las 700 personas.
En el interior de la mezquita se instalaron dos filas para votar: las mujeres de un lado y los hombres del otro.
«Acabo de llamar a mi esposo y a mis hijos para que vengan inmediatamente a votar. Si llegan tarde, tendrán que esperar horas», explica Mahine, una iraní de 46 años.
Para Ayub Mehrabi, un funcionario de 28 años, el presidente saliente Mahmud «Ahmadinejad es el más competente».
«Vengo del sur», donde están las zonas populares, «y votaré por (el ex primer ministro Mir Hosein) Musavi. Mi marido perdió su empleo. Nuestros ingresos apenas alcanzan los dos millones de riales (200 dólares) mensuales», explicó Saadat Mir-Ebrahimi, una peluquera de 43 años, que en 2005 votó por Ahmadinejad, que ahora aspira a un segundo mandato.
Poco después de su inesperada victoria en 2005, el presidente ultraconservador aplicó una política populista, afirmando que buscaba favorecer a las clases populares. Pero fue criticado por muchos economistas por su mala gestión de los fondos públicos, en particular la inyección masiva de petrodólares, que condujo a una fuerte inflación (23,6%), sin conseguir reducir el desempleo y la pobreza.
En toda la ciudad, de los barrios ricos del norte a las zonas populares del sur, pasando por el centro, se repetían el viernes las mismas imágenes: largas filas de electores bajo un sol inclemente.
«La prioridad es el empleo, la inflación, la vivienda, el matrimonio de los jóvenes y obviamente la libertad de expresión», declaró Haleh Alizadeh, azafata de 23 años, que votará en la escuela Shohadaye Resaneh, en el centro de Teherán.
A las 13H00, unos 560 electores ya habían votado en esa escuela y unos 400 esperaban en el patio, contra un total 700 votantes registrados en 2005.
Esta amplia movilización de los electores, sin precedentes en Irán, se produce tras una ruidosa campaña de los partidarios de Musavi. Decenas de miles de ellos se quedaron en las calles de Teherán y de otras ciudades del país hasta altas horas de la madrugada.
En los últimos días de campaña, los partidarios de Ahmadinejad también se movilizaron. Los seguidores de los dos principales candidatos se enfrentaron en un buen ambiente.
Aunque las escenas de jóvenes bailando y cantando en las calles no gustaron demasiado a conservadores y religiosos.
«Votamos por Ahmadinejad para acabar con estos actos de inmoralidad», afirmó Roghieh, de 40 años, en la mezquita Jameh Ershad, situada en un barrio popular del sur de Teherán. «Tenemos que darle cuatro años más para que termine lo que empezó».
Al acercarse a las zonas populares de Teherán, son más númerosos los partidarios del presidente saliente.
Pero no todos votarán por Ahmadinejad.
«La inflación es terrible. Los matrimonios son menos frecuentes y los jóvenes sufren mucho de la política del gobierno», declaró a la AFP Nahid, que vino a votar con su padre Ebrahim Taghipur.
Los debates televisivos, organizados por primera vez en Irán y en los que Ahmadinejad acusó de corrupción al ex presidente Akbar Hachemi Rafsanyani, que apoya a Musavi, considerado un moderado, parecen haber influenciado a los electores.
«Los que apoyan a Musavi son traidores», afirmó Hasan Abedi, un iraní de 65 años, que fue a votar con toda su familia.
Los iraníes empezaron a votar masivamente hoy para elegir a su presidente entre el ultraconservador Mahmud Ahmadinejad, que busca ser reelegido, y el ex primer ministro Mir Hosein Musavi.
«Hay muchos electores desde el inicio de la votación, los informes procedentes de las provincias nos muestran lo mismo», dijo Kamran Daneshju, jefe de la comisión electoral del Ministerio del Interior.
Los colegios electorales abrieron a las 08H00 locales (03H30 GMT) y su cierre, previsto a las 18H00 locales, podría aplazarse hasta la medianoche en función de la afluencia.
La tasa de participación de los 46 millones de electores invitados a votar es considerado un factor clave para permitir que haya una segunda vuelta, o incluso que Musavi, un conservador moderado, gane en la primera vuelta y se convierta en la segunda persona más poderosa del país después del guía supremo, el ayatolá Alí Jamenei.
En la segunda vuelta de la elección presidencial de 2005, cuando Ahmadinejad, casi un desconocido en aquel momento, venció al ex presidente Akbar Hachemi Rafsandjani para sorpresa de todos, la participación alcanzó el 60%.
Otros dos candidatos, el reformador Mehdi Karubi y el conservador Mohsen Rezai, también están en liza.
Ahmadinejad, de 52 años, cuenta con el voto de las clases más pobres para obtener un nuevo mandato de cuatro años, mientras que Musavi, de 67 años, apoyado por los reformadores, espera beneficiarse de un rechazo de la política del presidente saliente.
Los resultados oficiales serán publicados en las 24 horas posteriores al cierre de la votación, según Daneshju.
Si nadie obtiene el 50% más un voto, una segunda vuelta será organizada el 19 de junio.
Un periodista de la AFP constató la presencia de largas filas de espera ante al menos cinco colegios electorales del centro de Teherán.
El guía supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, votó justo después del inicio de los comicios. Dijo que deseaba que «la población se quedara tranquila e impidiera que hubiera tensiones en los colegios electorales».
La campaña electoral de tres semanas, que terminó el jueves, fue marcada por un clima acerbo entre los candidatos, pero también por una atmósfera de fiestas callejeras, a un nivel inédito en la República Islámica.
El presidente Ahmadinejad acudió a votar temprano en un barrio del sureste de la capital. El presidente, que se presenta como «un servidor del pueblo», pasó 40 minutos en una fila de espera antes de colocar su papeleta en la urna, según la agencia oficial Irna.
Luego, afirmó que «la decisión clara, firme y revolucionaria del pueblo le ofrecerá un futuro brillante y progresista».
Mussavi, que también votó en Teherán, interpretó como «un buen augurio» la fuerte participación.
Pero instó «a los responsables a vigilar las urnas electorales» y señaló que recibió informaciones de que algunos de sus «representantes no fueron autorizados a actuar como observadores» en algunos colegios electorales.
La campaña reflejó las divisiones profundas sobre el futuro de Irán después de los cuatro años en el poder de Ahmadinejad.
Sus adversarios criticaron su retórica violenta durante la crisis nuclear y contra Israel, que contribuyó a aislar el país.
El presidente saliente retomó la bandera de la justicia social y de la defensa de los más pobres, que ya había usado en 2005. Endureció su discurso con ataques personales contra Musavi, al que acusa de ser apoyado por los «aprovechadores» del régimen.
Musavi, por su lado, que regresó con fuerza a la política iraní tras 20 años de ausencia, denunció las «mentiras» del presidente sobre su balance económico y su política populista.