El título del presente artículo cuestiona de manera firme a la sociedad en todos sus estratos económicos; al Estado por medio del Gobierno de la República, a la iniciativa privada en su máximo ente representativo CACIF y al mundo fragmentado de las «iglesias» y/o religiones de todos tipos y colores que funcionan en Guatemala.
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Los cuatro elementos mencionados se constituyen en sí, en el poder de una nación; es decir, la sociedad vive bajo el entorno jurídico del Estado regulando sus actividades sobre o de acuerdo a los principios morales, éticos y religiosos que reciben por parte de sus guías espirituales.
PERO… ¿funcionan de forma concatenada estos cuatro elementos? ¿Desde cuándo no funcionan en Guatemala? ¿A qué se debe que la sociedad guatemalteca es indolente ante su propia desgracia y manifiesta claras formas de su anomia? ¿Por qué se ha llegado a considerar la labor gubernamental como un Estado fallido? ¿Qué ha faltado para que la población sea responsable de sus actos y tengamos un sentido de futuro?
Las anteriores preguntas tienen un sinfín de respuestas, basada, por supuesto, en el contexto de quien las responda; es decir en su formación educativa, cultural, económica y social. Sin embargo, no todo queda ahí; las explicaciones no serán suficientes y, de hecho, la vida seguirá igual en caso no se tomen actitudes de responsabilidad en cada uno de los cuatro factores mencionados.
Con los políticos, estamos viviendo en un mundo marcado por la soberbia de cada uno de esos grupos; se consideran los únicos depositarios de la verdad que les fue revelada por medio de las urnas, en el caso de los políticos de turno y los que han pasado en la dirección del Estado/Gobierno; así mismo, tienen la perspectiva, se sienten elegidos por la deidad y tienen -según ellos- la respuesta a todas las preguntas así como la solución a todos los problemas gracias a un ideario monotemático y casi tautológico.
La iniciativa privada, concebida en todas sus expresiones como una élite de millonarios egoístas, empecinados en hacer más y más dinero a costa de los salarios más bajos pagados a la fuerza laboral, indiferentes a las circunstancias personales de su campo laboral y con una falsa moral religiosa; no les permite un suspiro económico que les representaría mejores ingresos a cambio de mejores condiciones laborales. NO, siguen en sus cuatro: más trabajo, más ganancia a menos salario.
La religión tiene una grave responsabilidad por cumplir; la de ser una verdadera guía a sus feligreses; insistir en la práctica de los valores éticos, morales y religiosos en todos los actos de la vida; dejar a un lado la creencia que dichos valores han perdido fuerza o se han relativizado; ya no persistir en los ataques sistemáticos para la descalificación de sus opositores ideológicos; será mejor, buscar la excelencia de la verdad por medio del ejemplo.