Y el tiempo lo curarí­a…


Según aquello del viejo estribillo de que el tiempo todo lo cura, a condición de que, lo curado, inicialmente, tenga que ser olvidado, no ha encontrado en Guatemala lugar donde aplicarse.

Luis Arevalo
usacconsultapopular@gmail.com

Lo anterior, por el hecho que, desde los últimos acontecimientos suscitados a raí­z de señalamientos que no sorprenden, pero lastiman a la sociedad, parte de la opinión pública y de algunos charlatanes se ha volcado a «invitar» al pueblo guatemalteco a olvidar las heridas infligidas por conflictos anteriores; heridas que, según ellos, al borrar de la memoria, permitirí­an tomar «nuevos senderos» que nos llevarí­an por la dirección de la «reconciliación», el «desarrollo» y la «prosperidad».

Estas personas sugieren olvidar sucesos que marcaron y/o dieron vuelta retorcida al rumbo de la historia del paí­s, y que de facto, esos hechos se perpetuaron en el ejercicio.

Sin aludirlos directamente, piden olvidar, por ejemplo: que Guatemala perdió varios cientos de miles de personas (otros dicen que «solo» fueron decenas de miles) en un conflicto «estúpido y sin sentido» para unos, pero con «reivindicaciones» para otros; que, en nuestro paí­s, el ejercito «nacional» tuvo (¿?) deliberaciones (pero insisten en que es «apolí­tico y no deliberante»), producto de las cuales se hizo con el gobierno y rigió convirtiendo al paí­s en el más caótico de los escenarios para los derechos de grupos selectos y los de personas, también selectas; que en Guatemala, uno de cada dos niños sufre de desnutrición por falta de una alimentación básica; que gran cantidad de empresarios goza de privilegios ligados a la protección del Estado, impidiendo el juego limpio y sin trucos, para el verdadero desempeño de la competencia, que bien podrí­a generar beneficios para los consumidores; olvidar, también, la venta de activos del Estado a favor de la supuesta eliminación de monopolios estatales en sectores clave de la economí­a, cuando se relegó la implementación de medidas de protección a la competencia; que nuestra economí­a está sujeta a productos de exportación que no absorben la cantidad de fuerza laboral necesaria en relación a la PEA, por largos perí­odos; que se transfieren recursos de un ministerio a otro, sin fijar prioridades que para la población son indispensables; quieren borrón y cuenta nueva de que aquí­ los polí­ticos «con imagen» están apadrinados por ciertos sectores.

Aun así­, la historia ha demostrado que olvidar hechos como esos, no es garantí­a de que la tan aclamada prosperidad llegue a concretarse; pues, así­ como la edad no es sinónimo de experiencia, ni juventud sinónimo de cambio, el olvido no lo es de nuevo camino o reconciliación. Porque ese olvido, tiene que estar precedido del perdón, que no se dio en los años, en que supuestamente, se construí­a una Guatemala diferente.

La alusión al estribillo del inicio, es precisamente, porque primero es necesario sanar aquello que nos lastima; pero, patéticamente aquí­, ni siquiera se ha tenido conciencia de lo que sucede, pues no hemos sido capaces de ejercer criterio y de ser radicales, en el sentido de ser verdaderos crí­ticos con lo que queremos y atacar a las raí­ces de los problemas nacionales.