Según aquello del viejo estribillo de que el tiempo todo lo cura, a condición de que, lo curado, inicialmente, tenga que ser olvidado, no ha encontrado en Guatemala lugar donde aplicarse.
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Lo anterior, por el hecho que, desde los últimos acontecimientos suscitados a raíz de señalamientos que no sorprenden, pero lastiman a la sociedad, parte de la opinión pública y de algunos charlatanes se ha volcado a «invitar» al pueblo guatemalteco a olvidar las heridas infligidas por conflictos anteriores; heridas que, según ellos, al borrar de la memoria, permitirían tomar «nuevos senderos» que nos llevarían por la dirección de la «reconciliación», el «desarrollo» y la «prosperidad».
Estas personas sugieren olvidar sucesos que marcaron y/o dieron vuelta retorcida al rumbo de la historia del país, y que de facto, esos hechos se perpetuaron en el ejercicio.
Sin aludirlos directamente, piden olvidar, por ejemplo: que Guatemala perdió varios cientos de miles de personas (otros dicen que «solo» fueron decenas de miles) en un conflicto «estúpido y sin sentido» para unos, pero con «reivindicaciones» para otros; que, en nuestro país, el ejercito «nacional» tuvo (¿?) deliberaciones (pero insisten en que es «apolítico y no deliberante»), producto de las cuales se hizo con el gobierno y rigió convirtiendo al país en el más caótico de los escenarios para los derechos de grupos selectos y los de personas, también selectas; que en Guatemala, uno de cada dos niños sufre de desnutrición por falta de una alimentación básica; que gran cantidad de empresarios goza de privilegios ligados a la protección del Estado, impidiendo el juego limpio y sin trucos, para el verdadero desempeño de la competencia, que bien podría generar beneficios para los consumidores; olvidar, también, la venta de activos del Estado a favor de la supuesta eliminación de monopolios estatales en sectores clave de la economía, cuando se relegó la implementación de medidas de protección a la competencia; que nuestra economía está sujeta a productos de exportación que no absorben la cantidad de fuerza laboral necesaria en relación a la PEA, por largos períodos; que se transfieren recursos de un ministerio a otro, sin fijar prioridades que para la población son indispensables; quieren borrón y cuenta nueva de que aquí los políticos «con imagen» están apadrinados por ciertos sectores.
Aun así, la historia ha demostrado que olvidar hechos como esos, no es garantía de que la tan aclamada prosperidad llegue a concretarse; pues, así como la edad no es sinónimo de experiencia, ni juventud sinónimo de cambio, el olvido no lo es de nuevo camino o reconciliación. Porque ese olvido, tiene que estar precedido del perdón, que no se dio en los años, en que supuestamente, se construía una Guatemala diferente.
La alusión al estribillo del inicio, es precisamente, porque primero es necesario sanar aquello que nos lastima; pero, patéticamente aquí, ni siquiera se ha tenido conciencia de lo que sucede, pues no hemos sido capaces de ejercer criterio y de ser radicales, en el sentido de ser verdaderos críticos con lo que queremos y atacar a las raíces de los problemas nacionales.