Otro término que se utiliza para referirse a la vejez es «La tercera edad». La vejez es una condición difícil para el ser humano, independientemente de su género, especialmente en los países pobres o en vías de desarrollo, como eufemísticamente se les ha dado en llamar y/o -países de tercer mundo-, como se ha dado en usar peyorativamente la frase. Las personas de la tercera edad pierden rápidamente oportunidades de trabajo en estos países, en donde son marginadas y, hasta cierto punto, estigmatizadas.
En los países ricos o industrializados la agrupación de la tercera edad ha estado creciendo en la pirámide de población o, distribución por edades en la estructura de población, debido a la baja en la tasa de natalidad y la mejora de la calidad y esperanza de vida.
En el siglo V antes de Cristo, en «La República», el tema de la senectud (Período de la vida humana que sigue a la madurez) como preparación para la vejez, fue tocado con preocupación por Platón. Así también Cicerón escribió sobre el tema en «De Senectude», en el siglo II antes de Cristo. Las referencias de Platón y Cicerón fueron escritos en la ontología (Parte de la metafísica que trata del ser en general y de sus propiedades trascendentales) de las edades, que se ha configurado alrededor de «modos de ser», relacionados con el decurso mismo de la vida personal. La Biblia hace alusión a esta condición del ser humano en muchas citas a través de sus diferentes libros.
En este orden puede afirmarse que el tema es tan antiguo como lo es el mismísimo ser humano y, lo paradójico de todo el asunto se refleja en que, «Todos los seres humanos desean tener una vida larga, pero nadie quiere ser viejo». Esta misma ambigí¼edad descrita por Jonathan Swift hace ya tres siglos, es la que se transmite a lo largo de la historia en relación con la vejez. Puede afirmarse de manera muy general que la «vejez» se vuelve un problema cuando los recursos materiales escasean -debido a la productividad precaria del anciano- o se vuelve virtud cuando otras necesidades colectivas así lo requieren: votos, consumo, colchón familiar…
Puede hablarse del síndrome de los abuelos esclavos, quienes tienen que someterse al capricho de los familiares y hasta de los propios hijos cuando los obligan a tomar responsabilidades que no les corresponden como «cuidar la casa o a los nietos» y otras; puede analizarse el abuso al que están expuestas las personas mayores; enfermedades y necesidades que se descalifican y que atenderlas significan un estorbo para los más jóvenes, etc.
Sin embargo, si la vejez se ve de una manera positiva, puede analizarse el hecho de que una persona de la tercera edad tiene muchísimo que aportar a la familia, a los amigos y especialmente a la juventud. Esa persona puede desarrollar un sinfín de actividades, especialmente la de aprender más, no persiguiendo un grado universitario sino aprender por aprender, como debería ser siempre, con la finalidad de llenar vacíos.
Puede conectarse con los demás, reorientar su propio sentido de la vida y restablecer sus valores para imponerse nuevas metas. Puede desarrollarse con mayor énfasis en la búsqueda de significados que llenen su vida, seguramente con mayor plenitud de como la vivió con anterioridad.
Existen dos temores fundamentales en el ser humano: Temor a la vejez y temor a la muerte. No debe temerse, estos dos elementos naturales son, en realidad, parte de la vida misma.