«Haz, Señor, que no sea yo confundido»
(San Pablo).
– Dedicado a los Abogados guatemaltecos –
Los antecedentes de la profesión de abogado y sus relaciones éticas del derecho, podemos encontrarlos en Roma. El primer ejemplo que recordamos es, el de el Código de Justiniano: en las Institutas luego de definir la Justicia como la «constante y firme voluntad que da a cada uno su derecho (Tít. I) y a la jurisprudencia, como «el conocimiento de las cosas divinas y humanas, la ciencia de lo justo y de lo injusto», precisa las tres normas que animan los preceptos del derecho: vivir honestamente, dar a cada uno lo suyo, no dañar al prójimo.
Mas adelante, el derecho comparado, relata que en el Digesto (Libro I) es Ulpiano que al referirse a las instituciones dice: «conviene que el que haya de estudiar derecho, conozca primero de dónde viene la palabra ius. Llámase así de justicia, que Celso llama: el arte de lo bueno y de lo equitativo». Por lo que los abogados cultivamos la justicia, profesamos el culto de lo bueno y de lo equitativo, separando lo justo de lo injusto, discerniendo lo lícito de lo ilícito buscando con ansias la verdadera filosofía, no la aparente».
De la lectura de los párrafos anteriores, podemos concluir que desde la antigí¼edad ha existido preocupación por la justicia, por las cosas lícitas y por darle a cada quien lo suyo…
En Guatemala, el Colegio de Abogados y Notarios ha mostrado un especial interés por divulgar los temas jurídicos en los diversos foros y congresos, veinte a la fecha, a efecto de motivar a los abogados en el estudio y su superación académica.
No existe, que se sepa, país que soslaye o ignore el consejo de sus científicos y académicos, y en el entorno nacional inmediatamente se dan a conocer aquellos profesionales, hombres y mujeres, que no desean su superación se evidencia con el modo de comportarse, el vocabulario y su baja cultura.
Es de urgencia nacional promover reformas a las diversas leyes que no han pasado por una evaluación formal, pues ello es parte del atraso jurídico del país. Ello, además, genera confusión, retardo y manipuleo de los procesos, máxime si tomamos en consideración que el sistema procesal actual de Guatemala es burocrático, inquisitivo y altamente lento por ser escrito en todas sus instancias.
Por lo tanto, no tiene justificación alguna, el excederse en conservadurismos que a nada conducen; debemos preocuparnos más de las transformaciones y cambios que nuestra propia legislación requiere. Y, la modernización del sistema procesal debe ser de imperiosa necesidad.
Finalmente, es de gran importancia recordar lo que señala la recomendación de las Institutas dedicada a la juventud deseosa de estudiar leyes: «La majestad imperial conviene que no sólo esté honrada con las armas, sino también fortalecida por las leyes, para que en uno y otro tiempo, así en el de guerra como en el de paz, puedan ser bien gobernados y el príncipe romano subsista no solamente en los combates con los enemigos, sino también rechazando por legítimos trámites las iniquidades de los calumniadores y llegue a ser tan reliosísimo observador del derecho como triunfador».
En conclusión, los abogados deben estar altamente especializados en los ramos a los que se dediquen, de tal forma que con entusiasmo respalden los cambios que sean necesarios para que las nuevas generaciones de profesionales no nos juzguen de haber permitido que continúe un Derecho antiguo y débilmente reglado.