Cabe bien en este caso que a quienes utilizan este medio de transporte, les llueve sobre mojado. Disposiciones gubernamentales decidieron que sólo una persona puede conducirse, y en efecto penalizan a los contraventores de dicha medida, objeto de innumerables inconformidades, inclusive mediante protestas callejeras en gran número.
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Bajo el lente analítico salen a la luz argumentos, entre ellos que justifican por parte de las autoridades del ramo tal determinación. De cara a evitar que sicarios cometan fachorías, a tiempo de acompañar precisamente al tripulante de las unidades en mención, hoy en día a título proliferante en la vía pública citadina complicada.
Nadie discute el hecho que las motocicletas facilitan un mayor y más veloz desplazamiento vial, de por sí un enredijo. De consiguiente, favorecen a estos ilícitos en plena luz del día. Es más, son una sumatoria causante y también apabullante de la impunidad que llegó para quedarse en nuestro entorno similar a una olla de presión.
Por otra parte, estos vehículos de dos ruedas adquieren mucho mayor presencia en beneficio de la precaria economía familiar, por demás castigada sobremanera. Ello puntualiza la circunstancia de utilizarse menos combustible, una permanente soga derivada del petróleo. Un fósil capaz de manipular a todo el mundo por la OPEP.
Sin temor a dudas, durante un ya largo tiempo los motociclistas han estado en apoyo del grupo familiar, en el caso de la transportación cotidiana. Razón de peso por la cual desde temprana hora sirve para conducir al trabajo y a las escuelas, a las esposas y a los hijos, en su orden. Una solución al gigantesco problema.
La medida puesta en práctica tiene a semejanza de otras de semejante naturaleza, situaciones en pro, pero también en contra. Resulta deseable sobrevenga a continuación una visible reducción de la inseguridad y por supuesto de la delincuencia, más antes que después. Existen bastantes expectativas en torno al candente tema.
Cuando subrayamos que a los tripulantes de motocicletas, verdadera legión dondequiera, les llueve sobre mojado, hay situaciones adversas. Por ejemplo el obligado chaleco se volvió mero juego infantil. Primero el requisito que fuese de color rojo, verde enseguida, y al final de las andadas negro como el ambiente lluvioso.
Esto mismo representa para los cumplidos una serie de gastos extras, en total detrimento del presupuesto hogareño. Además constituye verdadera rémora en tiempos de la crisis económica que doblega a una inmensa mayoría de connacionales de forma sin precedentes. A saber si es factible que al mal tiempo, buena cara.
Los requerimientos a los viajeros en motocicletas, obligados por la necesidad en el campo laboral, actualmente atiborrado de requisitos, cortapisas digo yo, hace las cosas difíciles en extremo. Por cuanto la obligatoriedad del casco que debe llevar una especie de calcomanía el número de la placa de rigor, es un sobrehueso.
Como toda medida dentro del ámbito atinente al tráfico, auténtico nudo gordiano en ascenso día a día, sin asomo de siquiera paliativos, genera las consabidas muestras opositoras. Distantes por lo visto de únicamente llevar la contraria, coyuntura esgrimida siempre de constituir parte activa de la idiosincrasia chapina.
Sólo los acontecimientos posteriores demostrarán acerca de los resultados en torno a este particular, escabroso por si fuera poco. Luego entonces, así las cosas podrán considerarse qué tanto de atinada, o no, es la decisión para algunos necesaria y urgente, empero en opinión de otros cae en reiterar llanamente es llover sobre mojado.