Ahora o nunca


La Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) al apelar la decisión de la jueza en el caso Portillo que los dejaba fuera del proceso e iniciar acciones en contra de la licenciada Leticia Valenzuela por obstrucción a la justicia, dio justo en el clavo de los grupos paralelos que dominan nuestro poder judicial.

Pedro Pablo Marroquí­n Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt

Pocas veces, en la historia del paí­s, dos fallos nos marcarán tanto el futuro y el camino que nos espera. La resolución de la jueza Valenzuela fue descarada y aun así­, la sociedad no respondió de buenas a primeras y muchos ni siquiera han llegado a dimensionar lo que está en juego.

Además, es vital esta situación porque mediremos si las salas están tan copadas como los juzgados de Primera Instancia.

Ahora que ya nos dimos cuenta que a la impunidad se le pueden poner nombres y apellidos, tanto de quienes la procuran como de quienes la aseguran, es donde nuestra protesta debe ser enérgica ante los tribunales del paí­s.

Si la lucha es contra la impunidad, como dicen todos, ahora es cuando hay que demostrar de qué pasta estamos hechos y cuáles son nuestras intenciones, porque esta es una ocasión de oro para meterle un golpe duro y directo a la impunidad y a todos sus promotores activos o pasivos.

Y también hay que contemplar la grave posibilidad de que el descaro siga siendo el común denominador de los juzgadores en todo este proceso, dejando sin ningún lugar a la duda de cuáles son los nombres y apellidos que se desempeñan como puntales y garantes de la impunidad.

El rechazo social debe de ser permanente porque no podemos permitir que los que la hacen, se sigan saliendo con la suya sin pagarle a la sociedad por los daños causados; mucho de esta lucha dependerá de nosotros, de nuestros valores, convicciones y de nuestro deseo de vivir en un paí­s mejor.

Sin la CICIG, no tendrí­amos esta dorada oportunidad de señalar cómo, cuándo y dónde opera la impunidad. Apoyemos este momento, porque el que no lo haga estará del lado de la impunidad. Ya no vale seguir esgrimiendo que no estamos de acuerdo con que sea un ente internacional el que deba de hacer los deberes que no sólo no hemos hecho sino que tampoco hemos exigido a lo largo de tantos años.

Seguir argumentando que la CICIG no debiera estar aquí­ es tapar la porquerí­a en la que vivimos y en la que por supuesto a algunos les encanta revolcarse. Debemos apoyar estas medidas para poder sacar ventaja de este momento y así­, cuando se retiren, ya hayamos avanzado en la lucha contra la impunidad.

Pero si ni siquiera nos damos el chance de detectar y enfrentar a los actores de la impunidad, nunca podremos erradicarla. Insisto que para esto debemos de actuar unidos, porque separados dejamos espacios que siempre serán aprovechados por esos beneficiarios de la impunidad. Â