Al igual que cuando estuvo la Minugua en Guatemala, un sinfín de personas le echaron pestes, pues adujeron lesión a la soberanía; intromisión de entidades internacionales en la vida pública guatemalteca; abuso de poder y una ensarta de argumentos baladíes para que no pudiera dicha misión, realizar su trabajo en este país convulsionado por el terrorismo de Estado.
fermo@intelnet.net.gt
El trabajo de Minugua fue loable, aunque también hay que reconocer que cometieron algunos errores; pero al final, la balanza se inclinó hacia un buen trabajo realizado en salvaguarda de los derechos humanos de los ciudadanos guatemaltecos.
Ahora le corresponde el turno a la CICIG, la cual nace después de un parto esperado, pero doloroso para quienes han creído que pueden seguir manejando el poder a su sabor y antojo; me refiero a las estructuras de poder establecidas, enraizadas y cultivadas a través del tiempo, por los verdaderos dueños de Guatemala; es decir, la oligarquía nacional y el poder transnacional disfrazado con testaferros nacionales.
Requiere de mucho valor el tocarle los productos de gallina al poder paralelo; CICIG principió a hacerlo de forma LEGAL y eso ha causado la admiración y el respeto de quienes por primera vez ven la posibilidad real para desarticular esa tremenda maraña de compadrazgos y amiguismos políticos que nos ha envuelto durante el transcurso de nuestra vida «independiente»; lo cual traducido en pocas palabras significa: abuso de poder; nepotismo; compadrazgo, impunidad, inmunidad a discreción, totalitarismo, caudillismo irracional, sujeción vergonzosa y abyecta a quienes ejercitan el poder y otras acciones antisociales.
El impacto que causa en la sociedad, el conocer de forma pública las diferentes formas y/o maneras en que opera el poder paralelo en Guatemala, tiene las características del escándalo; porque aunque son conocidas por un pequeño círculo de personas que ejercieron y ejercen el poder, no han sido del dominio público; lo que les ha permitido operar en silencio.
Los últimos tres meses, la CICIG mostró su capacidad investigativa al descubrir telarañas del poder paralelo alojado en la estructura gubernamental desde hace muchos años; así mismo, dicha conducta es reconocida de forma aceptable por algunos sectores políticos y ciudadanos que en principio también echaron pestes, sapos y ponzoña en contra de esta institución que poco a poco nos demuestra lo que se pudo hacer y que hasta ahora ve sus primeros frutos.
Le corresponde el turno al ORGANISMO JUDICIAL ya que la CICIG le endosó la responsabilidad de actuar conforme a derecho revestido de valores de justicia, verdad, honestidad e imparcialidad, sin fines políticos partidistas y mucho menos de carácter económico.