Los electores belgas están convocados a renovar los parlamentos regionales del pequeño reino, seis meses después del nombramiento de un nuevo primer ministro, Herman Van Rompuy, al frente de una coalición federal penosamente formada a mediados de 2008.
En el origen de todos los males, que hacen temer a mediano plazo la descomposición del país europeo, está la división entre flamencos (60% de la población) y francófonos, cuyas comunidades no comparten los mismos referentes culturales y evolucionan cada una por su lado, separadas por una frontera geográfica y lingí¼ística: Flandes, en el norte, Valonia, en el sur.
Bruselas conforma la tercera región autónoma, paradójicamente enclavada en Flandes y de mayoría francófona (90%).
La inminencia de los comicios regionales ha encendido una nueva mecha, especialmente en comunas situadas en la periferia de la capital, en tierra de Flandes.
Quince alcaldes flamencos han decidido boicotear la organización de los comicios europeos en sus comunas, donde los carteles electorales de partidos francófonos son arrancados por miembros de la extrema derecha, o directamente, prohibidos por las autoridades locales.
Esta maniobra, denunciada como «antidemocrática» por los francófonos, forma parte de una amplia campaña en Flandes, como la decisión de no difundir las cadenas francesas por cable o la imposición de aprender el flamenco a los candidatos a la vivienda social.
La radicalización de ambos campos ha vuelto a reflejarse en la frágil coalición gubernamental, cuya composición ilustra el rompecabezas político y cultural en que ha derivado el reino.
La forman democristianos flamencos y francófonos, liberales flamencos y francófonos y socialistas francófonos. Cinco partidos completamente autónomos, que sólo se dirigen al electorado de su región, tratan de gestionar un país cada vez más ingobernable.
Los resultados de las elecciones regionales permitirán tomar el pulso a la viabilidad del gobierno federal, cuyo eventual desmembramiento abriría una nueva crisis de salida imprevisible.
La prensa belga se inclina cada vez más hacia la idea de que habrá elecciones federales antes de fines de año.
El desenlace electoral en Valonia se vislumbra clave. Un reciente sondeo otorga una ligera ventaja a los socialistas respecto a los liberales, pero un vuelco en las urnas podría llevar a los primeros a retirarse del gobierno con el fin de formar una oposición fuerte a nivel regional y federal.
En Flandes, la dispersión de votos que a la luz de los sondeos se avecina sólo permitiría a un único partido, los demócrata-cristianos, superar la barrera del 20% de las papeletas.
La ascensión de la derecha nacionalista en detrimento de la izquierda, señalada por las encuestas, abriría la puerta a un gobierno regional flamenco marcadamente conservador y autonomista, con repercusiones a nivel federal.