He leído diferentes libros, opúsculos y artículos acerca de la actividad académica, la calidad humana y la convicción ideológica del malogrado Manuel Colom Argueta, alcalde que fuera del municipio de Guatemala de 1970 a 1974, en los cuales también  se abordan las causas y consecuencias de su asesinato, cometido cruelmente el 22 de marzo de 1979.
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  Sin el ánimo de restarle méritos a esas publicaciones en torno al líder del extinto Frente Unido de la Revolución, debo señalar que al libro escrito por el periodista y sociólogo Félix Loarca Guzmán, compañero en las páginas de La Hora y amigo mío de mucho años, cubre con amplitud de detalles la recia personalidad de Colom Argueta, sus ejecutorias y su legado, además de ubicarlo dentro del marco político prevaleciente desde su niñez hasta su muerte, es decir, que abarca aspectos sombríos de las dictaduras militares desde Jorge Ubico hasta Romeo Lucas García, incluyendo el período de la Primavera Democrática que corresponde a los gobiernos de los presidentes Juan José Arévalo y Jacobo írbenz Guzmán, aunque también se remonta a épocas más lejanas.
  Estos apuntes los debí haber publicado en marzo anterior, cuando se conmemoró el 30 aniversario del alevoso asesinato de Colom Argueta; pero no lo hago hasta hoy, después de haber leído con detenimiento la obra, editada por el Centro de Estudios Urbanos y Regionales de la Universidad de San Carlos.
  Loarca Guzmán no se limita a la biografía del mártir inmolado por un comando de 15 hombres fuertemente armados y apoyados por un helicóptero tripulado por dos oficiales del Ejército, sino que la obra incluye signaturas que se refieren al origen de los derechos humanos, los derechos civiles y políticos, el marco conceptual de la herencia colonial, las bases de la violencia y el terror, así como elementos determinantes de la Guerra Fría, la Doctrina de Seguridad Nacional y el surgimiento de los grupos insurgentes.
  Para ser más preciso acerca del libro de Félix, traslado a ustedes párrafos del prólogo escrito por el sociólogo Carlos Guzmán Bockler, quien puntualiza que «A partir de un enfoque centrado en el asesinato de Manuel Colom Argueta -dirigente de tendencia social demócrata, cuya popularidad creciente, unida a sus innegables dotes de liderazgo, se ampliaban al ámbito nacional allá por 1979- el autor conduce una pesquisa que toma en consideración tanto los antecedentes anclados en los aspectos más ominosos del pasado colonial como en su perpetuación a lo largo de la mayoría de los regímenes propios de la vida independiente, así como de las décadas recientes, trayéndolo hasta los pródromos de las décadas recientes».
  Agrega Guzmán Bockler que después de articulados los antecedentes históricos y los presupuestos jurídicos, en el libro de Félix, «es fácil colegir el grado de dificultad de quienes, al igual que Manuel Colom Argueta o con él, intentaban hacer política de oposición a través de organizaciones de masas que se enfrentaran inermes, mediante acciones públicas, a las fuerzas represivas que les negaban la legalidad a la cual tenían derecho».
  «En forma sucinta y didáctica -añade el prologuista de la obra-, el autor plantea como antecedente necesario lo más pertinente y actual sobre los diferentes conceptos y contenidos que el Derecho nacional e internacional tiene de los derechos humanos, lo cual sitúa a los lectores en el contexto contemporáneo y les ayuda a medir la frecuencia y la profundidad de las violaciones a los derechos elementales de los guatemaltecos, cometidos por los militares coludidos con los sectores más nefastos de la oligarquía».
  Guzmán Bockler asienta que el libro «Asesinato de una esperanza» es un valioso aporte a la sistematización e interpretación de hechos ocurridos en los aciagos días de las dictaduras militares.
  (En referencia al libro de Félix Loarca, mi amigo Romualdo Tishudo cita a Francis Bacon: «El leer hace completo al hombre, el hablar lo hace expeditivo, el escribir lo hace exacto»).Â