The Economist es una de las publicaciones más prestigiosas del mundo, respetada por la profundidad de sus análisis que no se limitan al tema económico, como podría pensarse por el nombre de la revista, sino que tiene especial dedicación al tema político que aborda con criterio y conocimiento. En su último número aborda el tema de Guatemala y señala que nuestro país es, después de Haití, el que más características de Estado Fallido tiene en América Latina y razona ese criterio en el sentido de la impunidad que vivimos y que se traduce en la incapacidad para garantizar la seguridad de las personas.
Se puede cuestionar mucho esa calificación que, de todos modos, termina siendo bastante subjetiva porque hay diferentes criterios para calificar a los Estados. En opinión del Departamento de Estado norteamericano, formamos parte del contingente que ellos definen como Estados Frágiles, es decir, que no pueden cumplir cabalmente con sus funciones esenciales de servicio a la población.
Pero aparte de las referencias que hace a la crisis política que vivimos, The Economist hace descansar en nuestra situación fiscal buena parte de los problemas estructurales que presenta nuestro Estado. Y ojo, porque se trata de una publicación que nadie podría calificar de liberal y más bien tiene puntos de vista en el plano económico bastante conservadores, pero dice que el problema de Guatemala es que somos uno de los países del mundo en donde menos impuestos se pagan. En otras palabras, no son los marxistas ni los socialistas los que señalan la deficiencia impositiva de Guatemala, sino que lo hace una reputada publicación que tiene enorme prestigio en el mundo de los negocios y que ha sido defensora del libre mercado con enjundia.
Y es que dice bien la publicación que con lo que pagamos de impuesto los guatemaltecos no se puede mantener un nivel de servicios satisfactorio. Y entre los servicios toma en cuenta la administración de justicia y la seguridad ciudadana, casos en los que es patética la deficiencia estructural que presentamos.
Por supuesto que no es únicamente cuestión de dotar de recursos al Ministerio Público, a la Policía y a los tribunales, pero sí es de entender que sin los suficientes recursos no se puede mejorar. Entender que mientras más débil sea el financiamiento de esas cruciales actividades, mayor campo tendrán los poderes ocultos del narcotráfico, el crimen organizado y la corrupción para cooptarlos y asegurar la impunidad.
Una lectura correcta del artículo de la revista británica nos dará una perspectiva diferente a la que nos ofrecen quienes pregonan que no hay que hablar del tema fiscal porque los impuestos son un despojo que el Estado hace a los ciudadanos.